1.02. El período dinástico inicial

Al pasar al período posterior al diluvio, notamos una vez más gran vaguedad en la tradición babilónica.

Los registros babilónicos generalmente comienzan la historia del período postdiluviano con las dinastías de Kish, Uruk (la Erec bíblica), Ur, y otras ciudades. Una dinastía sigue a la otra en secuencia ininterrumpida durante miles de años. Esta tradición se fundaba en los registros escritos más remotos. Sin embargo, los cronistas babilonios posteriores ignoraban totalmente la época que había transcurrido antes de conocerse la escritura.

El arqueólogo moderno ha hallado los restos de aquella época anterior que designa según los lugares donde se descubrieron por primera vez ciertos tipos de objetos. Por lo tanto, habla del período Halaf o del período Ubaid, por cuanto por primera vez se hallaron materiales arqueológicos de cierto período anterior a la escritura en Teli Halaf al norte de Mesopotamia, otros en Tell el-Ubaid al sur.

En su sentido verdadero la historia comienza tan sólo con la aparición de documentos históricos. Para los tiempos más remotos existen las ya mencionadas listas de dinastías compiladas por escribas babilonios posteriores, que dan numerosos nombres de gobernantes los cuales se supone que reinaron sobre Mesopotamia durante miles de años.

Cuando la ciencia de la asiriología estaba en su infancia, los eruditos depositaban mucha confianza en estas listas y fácilmente fechaban los períodos históricos más antiguos de la cultura mesopotámica en el séptimo milenio AC. Hoy día sabemos que los escribas posteriores que compilaron estas listas usaron archivos viejos sin entenderlos.

Por haber vivido en una época -durante los reinos asirio y neobabilónico- cuando un gobernante reinaba sobre toda la Mesopotamia, creyeron que las mismas condiciones habían prevalecido en los períodos más antiguos.

Como poseían registros de dinastías primitivas que habían reinado en ciudades diferentes, creyeron que cada una de ellas había reinado sobre todo el país, y por lo tanto colocaron una dinastía después de la otra. Sin embargo, sabemos ahora gracias a buenos documentos contemporáneos, que muchos de estos reyes fueron sólo gobernantes locales y que varias dinastías existieron en forma paralela al mismo tiempo.

Este aumento del conocimiento, desde 1922, ha resultado en un acortamiento drástico de la cronología de la remota historia mesopotámica. Por ejemplo, el rey Enshakushanna fue ubicado hace unos 80 años por el Prof. H. V. Hilprecht, alrededor del 6500 AC, pero es ubicado en el siglo XXV AC por los eruditos actuales.

Por cuanto han tenido que reducir mucho estas fechas antiguas, los eruditos colocan ahora los comienzos de la civilización en Mesopotamia por el siglo XXXV AC, y los primeros registros escritos, en el tercer milenio.

Dado que todas estas fechas han estado sujetas a continuas variaciones durante muchos años, y los eruditos no han llegado a un acuerdo respecto a su exactitud, todas las fechas atribuidas al período en cuestión deben ser usadas con cautela, y están sujetas a posibles modificaciones futuras. El hecho importante es la gran reducción de las fechas, lo cual las acerca más y más a las fechas que pueden derivarse del registro bíblico.