2.08. Condiciones en el imperio egipcio en la fecha probable del éxodo

Egipto alcanzó su apogeo político bajo los reyes de la dinastía decimoctava en el siglo XV AC. Quedó unido bajo un monarca poderoso y disfrutó del prestigio nacional que la nación había ganado por la expulsión de los hicsos y la formación de un imperio que se extendió en el África como también en Asia. Los reyes de la dinastía decimoctava, por ser descendientes de los libertadores de Egipto de un yugo extranjero, eran más reverenciados y apreciados que cualesquiera otros reyes anteriores. Esto también explica la estabilidad de la dinastía, que duró unos 250 años.

Nubia era una valiosa sección del imperio pues poseía ricas minas de oro que producían tanto oro, que se hizo legendaria la riqueza del faraón respecto a este metal precioso. Los reyes de Babilonia, Mitani y Asiria pedían oro en casi cada carta con palabras tales como éstas: "Que mi hermano envíe oro en gran cantidad, sin medida... porque el oro es tan abundante como el polvo en la tierra de mi hermano". Nubia, que era administrada por un virrey llamado el "hijo de Kush del rey", también proveía ganado vacuno, cueros, marfil y piedras semipreciosas. Por eso era una posesión importante.

Palestina y Siria habían llegado a ser parte del imperio egipcio en tiempos de Tutmosis III. En estas naciones se les permitió conservar su trono a los príncipes del país pero se ubicaron guarniciones egipcias por todo el territorio en ciudades situadas estratégicamente. Comisionados de alta jerarquía, como representantes de la corona, vigilaban atentamente los movimientos y la conducta de los distintos príncipes locales. También recibían y remitían el tributo anual, que producía una corriente continua de riquezas de Asia a Egipto, tales como madera de cedro, aceite de oliva, vino y ganado.

Las minas de cobre de Sinaí fueron intensamente explotadas y se mantuvieron relaciones comerciales con Chipre, Creta y algunas de las islas jónicas. El faraón egipcio mantenía buenas relaciones con los reyes de Babilonia, Asiria y Mitani. Estos reyes se llamaban el uno al otro "hermano".

La supremacía de Egipto en Siria y Palestina era indisputada, y el pueblo del país del Nilo nunca se había sentido más seguro y poderoso que durante este período. La afluencia de riquezas de países extranjeros hizo innecesario que se colocasen pesadas cargas sobre los ciudadanos egipcios, y por primera vez en la historia de Egipto se organizó un ejército regular, constituido mayormente por extranjeros, que reemplazó al ejército del pueblo que había servido al rey desde tiempos inmemoriales durante los períodos anuales cuando estaban libres de los trabajos del campo. Al ser liberados los ciudadanos del país de su servicio tradicional en el ejército o en las obras públicas, hubo que llenar su lugar con esclavos proporcionados por las campañas militares en países extranjeros. La necesidad del trabajo de esclavos extranjeros fue también uno de los motivos que llevó a oprimir a los hebreos, que vivían en el delta oriental, y a negarse obstinadamente a permitir su partida.

La vida cultural de Egipto había alcanzado un alto nivel. Los diversos templos construidos durante ese tiempo muestran un gusto artístico y arquitectónico refinado. La artesanía estaba muy desarrollada y producían hermosos objetos de arte durante la dinastía decimoctava, como lo demuestra el rico contenido de la tumba del rey Tutankamón. Textos astronómicos, matemáticos y médicos revelan que florecieron las ciencias. Pudo pues Egipto pretender con justicia que no sólo era la nación más poderosa de su tiempo sino también la más civilizada.

Tales eran las condiciones reinantes en el país donde vivieron los hebreos durante el tiempo de su opresión, y las realizaciones culturales que conocieron durante su permanencia en Egipto.