8.00. El imperio asirio (933-612 AC) - Introducción

El período del imperio asirio sólo es un episodio en la larga historia de este mundo, pero para el estudiante de la Biblia es de gran importancia debido al papel decisivo de Asiria en la historia de los reinos de Israel y Judá.

Esta importancia es evidente por el hecho de que Asiria y su pueblo son mencionados unas 150 veces en las Escrituras. Seis ilustres reyes asirios son mencionados por nombre en la Biblia, y los nombres de 10 reyes hebreos -6 de Israel y 4 de Judá- aparecen en las inscripciones reales asirias. Más aún, el hecho de que el reino de Israel llegara a su triste fin por obra de las crueles manos asirias, y que Judá casi compartiera la suerte de Israel, debiera ser razón suficiente para hacer un cuidadoso estudio de la historia asiria.

Esta enumeración de los entrelazamientos que hubo entre la historia sagrada y la profana en el período del imperio asirio, muestra con claridad cuán importante es conocer la historia de aquella nación para comprender correctamente los acontecimientos que sucedieron durante el período de los reyes hebreos.

El país de Asiria estaba situado en la parte superior del Tigris, al norte del Pequeño Zab, uno de los tributarios orientales del Tigris. Por lo tanto, Asiria se extendía en una dirección noroccidental por unos 120 km. a lo largo del río Tigris. Los asirios trasladaron su capital de un lugar a otro varias veces durante su historia. Asur, la capital más antigua, no estaba lejos del Pequeño Zab, y se hallaba sobre la ribera occidental del Tigris.

A corta distancia, hacia el norte, estaba Kar-Tukulti-Ninurta, fundada por el rey cuyo nombre llevaba, Tukulti-Ninurta. En la confluencia del Gran Zab y del Tigris estaba Cala, llamada ahora Nimrud, y más al norte Nínive, la más grande y famosa de las ciudades asirias. Esta capital, a unos 80 km de Asur, era de forma rectangular, con murallas de una longitud aproximada de 12 km y con 15 puertas. A pocos kilómetros hacia el norte de Nínive estaba la capital de Sargón II, Dur Sarrukin, llamada ahora Jorsabad.

Los asirios eran acadios semíticos, estrechamente vinculados con los babilonios en raza, idioma y civilización. Eran numéricamente una nación pequeña, pero se distinguieron como negociantes ambiciosos, guerreros osados y valerosos, y también como dirigentes políticos y estadistas prudentes, aunque despiadados.

Asiria era pedregosa, y estaba cerca de montañas donde podían cortarse buenas piedras; por lo tanto, se usó mucha piedra para la construcción de edificios públicos monumentales, tales como palacios y templos.

Los asirios se convirtieron en maestros en el trabajo en piedra, como lo demuestran muchas losas que revisten las paredes de sus palacios y templos. Sin embargo, este arte resalta más gracias a los toros o leones alados de cabeza humana, que estaban a cada lado de las puertas de la ciudad y del palacio. Cada uno estaba tallado en un bloque de piedra y pesaba unas 40 toneladas.

El arte de tallar la piedra no sólo era practicado al hacer relieves y esculturas monumentales, sino también en el grabado de objetos menores como sellos cilíndricos. Estos demuestran gran habilidad manual.