2.01. La cronología del Egipto antiguo

Al igual que la del Asia occidental, la antigua cronología egipcia ha experimentado reducciones drásticas desde el comienzo del siglo XX, cuando los eruditos ubicaban el principio del período dinástico en el sexto o quinto milenio AC, y el gran egiptólogo norteamericano James H. Breasted afirmó enfáticamente que el calendario fue introducido en Egipto en 4241 AC, "la fecha fija más antigua en la historia del mundo que nos es conocida" (A History of Egypt [Historia de Egipto], pág. 14).

Descubrimientos posteriores han demostrado el error de las conclusiones que determinaron esta fecha y otras antiguas. Así los eruditos han sido obligados a reducir tanto la cronología egipcia que ahora se coloca el comienzo del período dinástico entre 3100 y 2800 AC.

Aun así los eruditos no han llegado a la unanimidad respecto a la cronología de Egipto. Las fechas dadas de aquí en adelante son las más bajas, es decir, las últimas aceptadas por los egiptólogos en la actualidad.

Es un hecho reconocido por ellos que las del período anterior a 2200 AC pueden tener un error de 50 a 100 años, y que las del 2200 a 2000 AC pueden tener un error de 25 a 50 años. Sólo a partir de la duodécima dinastía, desde 1991 a 1778 AC, podemos estar seguros de la corrección de nuestras fechas, por cuanto se basan en textos astronómicos.

Para el período posterior a 1778 AC nuevamente no hay exactitud durante 200 años, y para las fechas de la decimoctava dinastía, desde alrededor de 1580 AC, tenemos que calcular un margen de error de unos pocos años.

Hacemos estas observaciones a fin de prevenir al lector para que no acepte fácilmente como fidedignas cualquiera de las muchas fechas contradictorias que hallará en los libros para los períodos antiguos de la historia egipcia.

La mayoría de estos libros ya son anticuados, y los que se han impreso recientemente contienen fechas que quizá tengan que ser reducidas tan pronto como se obtengan más evidencias.

Por lo tanto, las fechas del tercer milenio que se dan de aquí en adelante, son las comunes entre los egiptólogos, pero no son necesariamente correctas.

Sin embargo, el historiador necesita fechas para reconstruir la historia, porque no puede presentar un cuadro de la sucesión de acontecimientos haciendo caso omiso de la cronología, aun cuando conozca sus incertidumbres.