EL DIOS QUE YO CONOZCO

6.04. Deidades cananeas

A la cabeza del panteón cananeo estaba El, llamado "el padre de los años", también "el padre de los hombres", simbolizado por un toro. A pesar de ser el más excelso dios tutelar, se creía que estaba viejo y cansado, y por lo tanto débil. Según un erudito fenicio posterior, Filón de Biblos, El tenía tres esposas, Astarté, Asera y Baaltis (probablemente Anat), que eran al mismo tiempo sus hermanas. También en los textos de Ugarit se confirma que Asera era esposa de El.

Como patrona del mar, Asera es llamada comúnmente "Asera del mar", pero también "creadora de los dioses" y "santidad", tanto en Canaán como en Egipto. Generalmente se la representaba en figuras y relieves como una hermosa prostituta desnuda, de pie sobre un león y sosteniendo un lirio en una mano y una serpiente en la otra. Parece haber sido adorada bajo el símbolo de un tronco de árbol, "imágenes de Asera" (2 Reyes 17: 10). Pronto fue aceptada entre los israelitas, quienes parecen haber adorado casi continuamente símbolos del culto dedicados a Asera durante el período anterior al exilio, porque se hallaban en un estado deplorable de apostasía la mayor parte del tiempo.

Otra importante diosa cananea era Astarté, en Heb. Ashtoreth, "la gran diosa que concibe pero no da a luz". Se la describe como una mujer desnuda sobre un caballo galopante, que lleva en las manos un escudo y una lanza. Los fenicios le atribuían dos hijos llamados, según Filón de Biblos, Pothos, "deseo sexual", y Eros, "amor sexual".

Son muchas las medallas de Astarté de formas toscas encontradas en lugares excavados en Palestina, pero es significativo que no han sido descubiertas en ningún nivel israelita antiguo. Esto es así en las excavaciones realizadas en Bet-el, Gabaa, Tell en-Nasbeh y Silo, lo que demuestra que los antiguos israelitas rehuyeron los ídolos de los cananeos.

Anat, la tercera diosa principal de los cananeos, era la más inmoral y sanguinaria de todas sus deidades. Su violación, a manos de su hermano Baal, era un tema corriente de la mitología cananea, tema que halló cabida aun en la literatura de los egipcios. Sin embargo, siempre se la llamaba "la virgen", curiosa referencia sobre el degradado concepto cananeo de la virginidad. Su sed de sangre era insaciable, y sus hazañas guerreras se describen en una cantidad de inscripciones.

Se afirma que había herido a los pueblos del oriente y del occidente, que había cortado cabezas como gavillas, y tantas manos que volaban a su alrededor como langostas. Luego se la describe atándose las cabezas a la espalda y las manos a la cintura, y regocijándose mientras se hundía hasta las rodillas en la sangre de los guerreros y hasta las caderas en la sangre de los héroes. Al hacer esto hallaba tanto deleite que el hígado se le hinchaba de risa.

Más aún, se gozaba no sólo en matar a seres humanos sino también a dioses. Por ejemplo, se le atribuye la muerte del dios Mot. Fue partido por ella con una espada, aventado con un aventador, quemado en el fuego, molido en un molino de mano, y finalmente sembrado en los campos.

Baal, aunque no era el dios principal, desempeñaba un papel sumamente importante en el panteón cananeo. Era considerado hijo de El, el dios principal, y hermano de Anat. Como se lo tenía por responsable del relámpago, el trueno y la lluvia, se creía que traía la fertilidad a la tierra de Canaán, cuya agricultura dependía enteramente de la lluvia.

Al principio de la estación seca, sus devotos suponían que Baal era asesinado por el dios maligno Mot, y la fiesta anual de su resurrección, cuando caía probablemente la primera lluvia, era una ocasión de gran regocijo y festejos. Baal es la figura principal de toda la poesía mitológico de Ugarit; en verdad, de toda la literatura religiosa.

En tiempos de Elías, cuando Israel se volvió al culto de Baal, su falta de poder quedó claramente demostrada cuando no llovió durante tres años. Dios quería que su pueblo aprendiese que la introducción del culto de Baal no aumentaría la fertilidad de su tierra, sino que, al contrario, traería hambre. En el monte Carmelo Elías demostró terminantemente que Baal, como dios de la lluvia, no poseía poder alguno; de hecho, que no existía.

Además de los dioses nombrados había una hueste de otras deidades con funciones menores. Frente a eso, baste decir que la religión cananea no era sino un simple reflejo de la moral del pueblo: un pueblo no puede superar el nivel moral de sus dioses. Si éstos cometen incesto, adulterio y fornicación, si se regocijan en el derramamiento de sangre y en asesinatos sin objeto, sus adoradores no obrarán de manera distinta.

Por lo tanto, no es extraño saber que en los templos se practicaba la prostitución ritual de ambos sexos, que en esos edificios "sagrados" los homosexuales formaban hermandades reconocidas, y que en los días de fiesta, en los templos y altos se celebraban las orgías más inmorales que puedan imaginarse.

También hallamos que se sacrificaban criaturas sobre los altares o eran enterradas vivas para apaciguar a un dios airado, que el culto de la serpiente estaba muy difundido, y que los cananeos se herían y mutilaban en tiempos de dolor y duelo, práctica que les fue prohibida a los israelitas (Levítico 19: 28; Deuteronomio 14: 1).

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