2.03. Iknatón*

Cerca del fin de su reinado, Amenhotep [o Amenofis] III nombró a su hijo Amenhotep IV (lknatón) como corregente. Como único ocupante del trono, estuvo desde alrededor de 1375 hasta 1366 AC.

Es una de las personalidades más discutidas de la historia. Mientras que un erudito lo describe como “el primer individuo de la historia”, “un hombre muy excepcional” (Breasted), otro lo tilda de “medio demente” (Budge). Dos autores hablan de él como “la personalidad más fascinante que se sentó jamás en el trono de los faraones” (Steindorff y Seele), y otro lo pinta como afeminado, anormal y dominado por mujeres (Pendlebury).

Amenhotep IV, o lknatón, como el rey se llamó a sí mismo después de su revolución religiosa, rompió con la religión tradicional de Amón en Egipto, y elevó a Atón, el disco solar, como dios supremo y único del reino. Aunque era físicamente débil, tenía una fuerza de voluntad poderosa, e intentó con vigor exterminar la religión y el culto de Amón.

Puesto que Tebas estaba estrechísimamente relacionada con Amón, Amenhotep trasladó la capital a varios centenares de kilómetros río abajo, donde construyó una ciudad llamada Ajetatón (“el horizonte de Atón” - el disco solar), que juró no dejar nunca. Allí se rodeó de sus simpatizantes: cortesanos, poetas, arquitectos y artistas.

Animados por él, estos hombres desarrollaron una nueva forma de arte de tipo realista, como no había existido en Egipto. Los artistas pintaron y modelaron los objetos, no de acuerdo con el estilo tradicional idealista, como había sido la costumbre, sino como aparecían al ojo: hermosos o feos.

Por ejemplo, hasta entonces todo rey, viejo o joven, de buen parecer o feo, había sido representado joven y vigoroso: como rey-dios ideal. Todo esto fue cambiado. El rey fue esculpido y pintado con toda su fealdad, con abdomen prominente, cráneo alargado y mentón saliente. Su anciano padre fue representado gordo como una bolsa.

También se puso énfasis en ma’at, que se ha traducido como “verdad” pero que también significa “orden”, “justicia” y “derecho”. En armonía con esto, las cosas habían de verse como eran, no como debían ser: en forma real más bien que ideal. En este principio el joven rey se adelantó mucho a su tiempo y no pudo ser comprendido; por esta razón, su revolución fracasó. Sin embargo, sus artistas produjeron algunas de las obras maestras de todos los tiempos, como por ejemplo, el busto de Nefertiti, ahora en el museo de Berlín, y pinturas murales de pájaros y vida vegetal que no han sido superadas en hermosura por pintores de otros períodos antiguos o modernos.

La nueva religión del rey ha sido llamada monoteísmo: creencia en un dios universal. Sin embargo, es muy discutible que este término pueda aplicarse con acierto a la clase de religión introducida por Iknatón. Es verdad que, después de la revolución, nunca adoró a ningún otro dios sino a Atón; pero sus súbditos no adoraban a Atón. Continuaron adorando al rey como a su dios, como lo habían hecho antes, y él no sólo toleró sino que evidentemente exigió esa continua adoración de su persona.

El rey, o algún poeta de su tiempo, compuso un himno a Atón, en que alaba al disco solar como dios creador. Puesto que las palabras y la composición de este himno en ciertos respectos son similares a las del Salmo 104, algunos eruditos han pensado que éste es una edición hebrea del himno a Atón. Sin embargo, no hay prueba válida para sostener esta conjetura, puesto que cualquier poeta que glorificase a cierto dios como ser supremo de la creación, productor y conservador de la vida y el bienestar, usaría términos y expresiones similares a los que se encuentran en el himno a Atón o en el Salmo 104.

El rey se casó con la hermosa Nefertiti, cuya figura mundialmente famosa, hallada en el taller de un escultor de Amarna, es una de las obras maestras del arte antiguo. La pareja real tuvo seis hijas, pero ningún hijo. Sin embargo, la vida familiar parece haber sido muy feliz y natural, según lo revelan algunos cuadros de esa época. Nunca antes se hizo reproducir en una pintura un rey egipcio y su familia como este monarca, besando a una de sus hijas, o acariciando a su esposa.

Mientras Iknatón construía palacios y templos para el sol en su nueva capital, y fomentaba un arte naturalista muy avanzado para su época, sus emisarios recorrían el país procurando erradicar la antigua religión, borrando de todos los monumentos los nombres de los otros dioses distintos de Atón. Los templos fueron cerrados, y los sacerdotes perdieron sus pensiones acostumbradas. Es fácil comprender que esta política crease una profunda enemistad en los círculos conservadores. Este creciente sentimiento de odio contra Iknatón produjo una disminución gradual de los ingresos provenientes del extranjero y requirió mayores impuestos de los súbditos egipcios, lo cual los empobreció.

Esta situación provino del desmembramiento gradual del imperio. Las primeras señales de la decadencia del poder de Egipto en Asia ya se habían notado bajo Amenhotep III, pero llegaron a ser más evidentes bajo el débil reinado de Iknatón, que vivió su nueva religión, cantó sus himnos a Atón, rehusó abandonar su nueva capital, y evidentemente no se preocupó de que se perdiesen una tras otra las posesiones extranjeras logradas por medio de numerosas expedicionesmilitares de sus ilustres antecesores.

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* Otras grafías de este nombre: Ikhnatón, Aknatón, Ajnatón, Ijnatón.