2.05. El reino medio-Dinastías undécima y duodécima

Después de una larga lucha, algunos príncipes de Tebas, clasificados como faraones de la undécima dinastía, derrotaron a todos sus rivales y llegaron a ser los gobernantes supremos de Egipto en la segunda mitad del siglo XXI AC.

Una vez más se enviaron expediciones al Sinaí en busca de cobre y turquesas, y se construyeron edificios monumentales para el señor real, "el dios bueno". Sin embargo, una revolución puso fin a esta dinastía, y después de un interregno de pocos años, el último visir del faraón anterior llegó a ser monarca de Egipto y fundó la poderosa dinastía duodécima.

Durante doscientos años los gobernantes de esta dinastía, que trasladaron la capital de Tebas a Lisht en el Egipto central, gobernaron el país con mano fuerte pero con sentido de responsabilidad. Se consideraban como pastores del pueblo y aceptaron su tarea como una dura responsabilidad y no como un privilegio. Estabilizaron la economía del país, reanudaron el comercio exterior y las expediciones mineras al Sinaí y Nubia, y fortificaron las fronteras contra las repetidas incursiones de los asiáticos y los nubios.

Cuidaron de la preparación de los futuros reyes nombrando al príncipe heredero como corregente del padre, tan pronto como el faraón comprendía que su hijo tenía suficiente edad para asumir las responsabilidades del gobierno.

Si el éxodo ha de ubicarse en la decimoctava dinastía, Abrahán debe haber visitado Egipto durante la duodécima dinastía, cuando hubo hambre en Palestina y conoció a un faraón que lo trató con consideración y respeto (ver Gén. 12:16, 20).

En una de las tumbas de un noble egipcio llamado Inmhotep, está pintada en colores la llegada de 37 hombres y mujeres palestinos. Este mural de alto valor artístico y bien conservado nos da un cuadro vívido de los asiáticos de la época. Muestra sus vestiduras multicolores, que eran distintas del vestido blanco egipcio, sus armas, zapatos, una lira y otros objetos y peculiaridades interesantes. Al mirar este cuadro, uno puede evocar la familia de Abrahán cuando llegó a Egipto, así como esas 37 personas cuyas figuras ha conservado para nosotros tan vívidamente el pincel de un artista.

El reino medio tuvo muchas relaciones generalmente pacíficas con Palestina y Siria. Sólo se registra una campaña militar contra la ciudad palestina de Siquem durante ese período, aunque la falta de registros quizá no permita un cuadro exacto de los sucesos.

Egipto parece haber considerado a sus vecinos asiáticos como naciones dependientes en cierta medida pues había representantes de la corona ubicados en las ciudades principales de Palestina y Siria. Hasta pueden haber controlado en realidad gran parte de la vida económica de Siria y Palestina, y seguramente promovieron relaciones amistosas entre los gobernantes locales y el poderoso faraón de Egipto.

La ciudad portuaria fenicia de Biblos fue casi una metrópoli egipcia durante ese período. Sus príncipes autóctonos, que tenían nombres típicamente amorreos, imitaron los títulos, el ceremonial de la corte y el idioma de Egipto. Recibían preciosos regalos de los faraones a cambio de madera de cedro, y se hacían sepultar como reyes egipcios, pero en escala más modesta.