2.06. Ramsés II y los hititas - I

La política de reconquistar el imperio asiático fue continuada por el siguiente rey, Ramsés II (1299-1232 AC), cuyo reinado fue excepcionalmente largo. Por haber usurpado muchos monumentos egipcios al poner su nombre en lugar del de sus predecesores regios, haciendo parecer que estos monumentos habían sido erigidos por él, junto con su gran actividad en construcciones, Ramsés II se hizo más famoso de lo que merecía. El nombre de ningún otro faraón se halla tan a menudo en monumentos antiguos como el de Ramsés II. Como resultado, los primeros egiptólogos le atribuyeron una fama desproporcionado con sus realizaciones.

Cuando Ramsés II llegó al trono, el rey hitita Mutallu aconsejó a un príncipe sirio que se apresurara a ir a Egipto para rendir homenaje al nuevo rey, tal vez como precaución, pues nadie podía saber qué haría el joven faraón. Como pasase el tiempo y no hubiera señales claras de determinación de parte de Ramsés de aferrarse a sus posesiones asiáticas, el rey hitita organizó una confederación de Estados de Anatolia y Siria, que no sólo proclamó su propia independencia completa sino que también se anexó otras posesiones egipcias de Siria. Con un ejército combinado de unos 30.000 hombres se proponía mantener la Siria septentrional fuera del imperio egipcio.

Lógicamente, Ramsés creyó que debía enfrentar el desafío de la hora. Con cuatro divisiones que llevaban los nombres de los dioses Amón, Ra, Ptah y Set, probablemente iguales en poderío a las fuerzas de la confederación hitita, marchó hacia el norte. El ejército hitita aguardaba a los egipcios en Cades, sobre el Orontes, donde se riñó la famosa batalla entre Ramsés y Mutallu. Esta lucha fue descrita con palabras y grabados en numerosos monumentos por todo Egipto.

Los hititas procuraron entrampar a Ramsés. Este había tomado a un supuesto desertor hitita, quien le informó que Mutallu había retrocedido y abandonado a Cades en procura de mejores posiciones defensivas en el norte, cuando en verdad se había quedado detrás de la ciudad de Cades listo para atacar. Sin sospechar el engaño, Ramsés marchó hacia el norte. Cruzando el arroyo de El-Mukadiyeh con la división de Amón, acampó sobre la orilla septentrional. Cuando la próxima división, la de Ra, vadeó el mismo arroyo, Mutallu, con parte de su ejército, cruzó el Orontes detrás de la división de Ra y comenzó a atacar a los sorprendidos egipcios simultáneamente desde el sur y desde el norte. Las otras dos divisiones de Ramsés estaban aún en marcha a unos doce kilómetros hacia el sur mientras que los hombres de las divisiones de Amón y Ra luchaban para salvar sus vidas.