2.07. El reino nuevo-Dinastías decimoctava a vigésima

No hay interrupción dinástica entre los libertadores de la dinastía decimoséptima y la poderosa dinastía decimoctava, pero desde los tiempos precristianos la dinastía decimoctava se ha contado a partir de Amosis, hermano de Kamosis, que se computa tradicionalmente como el último rey de la decimoséptima.

Los primeros cuatro reyes de la nueva dinastía, Amosis, Amenhotep I, Tutmosis I y II, reinaron en total unos 65 años (alrededor de 1570-1504 AC), estuvieron muy atareados consolidando su reino y organizando el país como unidad política y económica.

Sólo Tutmosis I tuvo tiempo de llevar a cabo campañas militares de alguna importancia. Reconquistó Nubia, que se había independizado durante el período de los hicsos, y también realizó una campaña a Palestina y Siria. Penetró hasta el río Eufrates, descrito en los textos egipcios como "esa agua invertida que fluye aguas arriba en vez de aguas abajo", por cuanto el Eufrates fluye en dirección casi opuesta a la del Nilo.

Alguno de los primeros reyes de la dinastía decimoctava, tal vez Amenhotep I o Tutmosis I, fue probablemente el nuevo rey de Egipto "que no conocía a José" (Éxodo 1:8), el faraón que con espíritu de nacionalismo contempló con suspicacia y odio a los semíticos israelitas dentro de sus fronteras, y comenzó la opresión que resultó, finalmente en el éxodo.

Después del corto reino de Tutmosis II, cuarto monarca de la dinastía decimoctava, su viuda Hatshepsut, que era hija de Tutmosis I, llegó al trono y gobernó a Egipto con mano fuerte aunque pacífica durante poco más de veinte años (1504-1482 AC).

Fue obligada por una rebelión iniciada en el templo a aceptar como corregente a su sobrino Tutmosis III, sacerdote secundario del templo de Amón, pero consiguió mantenerlo en segundo plano durante mucho tiempo. Los años de su reinado fueron pacíficos y prósperos.

Envió expediciones comerciales a Punt, que es probablemente Somalía, y explotó las minas de Sinaí y Nubia de donde extrajo cobre, turquesa y oro. En Deir el-Bahri, en Tebas occidental, construyó el grandioso templo mortuorio que aún está considerado como el más hermoso de todos los templos egipcios, y erigió varios de los obeliscos más altos que hayan apuntado hacia el cielo en la tierra del Nilo.

La cronología bíblica y las circunstancias históricas parecen concordar en que Hatshepsut puede haber sido la madre adoptiva de Moisés. Tal vez haya tenido el propósito de nombrar como sucesor a su hijo adoptivo pues odiaba amargamente a su sobrino Tutmosis III, como lo demuestran los registros. Sin embargo, puede haber comprendido muy pronto que tal plan tendría pocas probabilidades de triunfar frente a la determinada oposición del poderoso sacerdocio de Egipto.

Fueran cuales hubieran sido los planes de ella, los sacerdotes se aseguraron de que Tutmosis III, uno de sus protegidos, fuese colocado en el trono, aunque lo único que lograron fue que se lo tolerase como corregente mientras vivió Hatshepsut. Está envuelto en el misterio el fin de Hatshepsut, después de un reinado de más de veinte años. El que se haya debido a una muerte natural o a un acto de violencia, es tema de especulación. Su cuerpo no ha sido aún hallado, y puede haber sido destruido como lo fueron sus monumentos e inscripciones. Tan pronto como ascendió al trono, el nuevo faraón hizo todo lo posible para erradicar la memoria de su odiada tía y anterior corregente.

Tutmosis III, que reinó unos 33 años (1482-1450 AC), llegó a ser el monarca más importante del nuevo reino. En una campaña militar a Palestina y Siria, durante el primer año de su reinado, derrotó en la famosa batalla de Meguido a una coalición dirigida por el príncipe de Kadesh. Esta fue la primera batalla de la antigüedad de la cual se conserve un registro detallado.

Tutmosis sometió toda Palestina y Siria; convirtió los bosques de cedros del Líbano en propiedades de la corona; colocó guarniciones en las ciudades principales del Asia occidental; apareció en persona casi cada año en sus dominios extranjeros para demostrar su poder y desanimar cualquier tipo de aspiraciones a la independencia o a la rebelión.

La riqueza de Asia fluyó hacia el Egipto en forma de tributos que fueron usados en enormes construcciones, tales como templos, palacios y fortificaciones. Amenhotep II (1450-1425 AC), hijo de Tutmosis III, que fue probablemente el faraón del éxodo, fue también un gran deportista que sobresalió en el manejo del arco, la caza y los deportes acuáticos, pero fue también un gobernante despiadado y cruel.

Se registran varias de sus campañas militares, motivadas por rebeliones en diferentes partes del imperio. Todos los intentos de las naciones sojuzgadas para alcanzar la independencia fueron sofocados con crueldad y terror.

Amenhotep fue sucedido en el trono por uno de sus hijos menores, Tutmosis IV (1425-1412 AC). Hay la evidencia de que el nuevo rey no había sido nombrado originalmente como sucesor de su padre pero que recibió ese honor inesperadamente. Esta desusada elevación al puesto del príncipe heredero se explicaría lógicamente si su hermano mayor, el heredero forzoso, hubiera sido muerto en la décima plaga (Éxodo 12:29).