6.06. El cruce del río Jordán ¿Pueden producir terremotos los críticos de la Biblia?

Los críticos de la Biblia declaran que el relato del cruce del Jordán por los israelitas es un mito increíble; que sería absolutamente imposible que el río detuviese su corriente durante el lapso requerido para que una multitud tan grande lo cruzase.

Sin embargo, la historia registra por lo menos dos casos durante los últimos 800 años en que el Jordán repentinamente dejó de correr y muchos kilómetros del lecho del río quedaron secos durante unas cuantas horas.

Como resultado de un terremoto en la noche anterior al 8 de diciembre de 1267 DC, una gran sección de la orilla occidental, frente a Damieh, cayó al río y detuvo completamente su corriente durante 16 horas. Este es justamente el sitio donde, según el registro bíblico, "las aguas que venían de arriba se pararon como en un montón" (Josué 3: 16). En Damieh (Damiyeh), la ciudad bíblica de Adam, no lejos del lugar donde el Jaboc desemboca en el Jordán, el valle del río se vuelve angosto y forma una garganta, de manera que un bloqueo completo del río sería un asunto comparativamente sencillo.

El 11 de julio de 1927 el río nuevamente se secó. Una avalancha cerca del vado de Damieh, cansada por un fuerte terremoto, se llevó una buena parte de la orilla occidental del río, lo cual bloqueó su corriente durante 21 horas e inundó gran parte de la llanura alrededor de Damieh. Finalmente las aguas volvieron a su lecho usual. Hay datos históricos acerca de estos dos casos en John Garstang y J. B. E. Garstang, The Story of Jericho [1940], págs. 136, 137; D. H. Kallner- Amiram, Israel Exploration Journal, t. I [1950-51], págs. 229, 236.

A la luz de estas evidencias, los críticos, invirtiendo su posición, sin duda querrán explicar el milagro del Jordán de los días de Josué como un simple fenómeno natural, resultado de un terremoto. Algunas personas prefieren aceptar cualquier explicación, por increíble que sea, antes que admitir que Dios realiza milagros.

Preguntamos: ¿Cómo podía saber Josué con un día de anticipación que un terremoto bloquearía el paso del río a 32 km aguas arriba? Y aún más increíble, ¿cómo podía saber el momento exacto del terremoto y así ordenar a los sacerdotes que llevaban el arca que avanzaran de manera que llegasen a la orilla del agua justamente cuando ésta dejara de correr? (ver Josué 3).

¿Pueden producir terremotos estos críticos de la Biblia? ¿O pueden siquiera predecir la hora o el día cuando se producirá alguno y controlar sus efectos a fin de realizar sus propósitos? La respuesta es ¡No!, y este NO resonante despeja para siempre sus objeciones necias a la simple declaración bíblica de que ocurrió un milagro.

Si Dios produjo o no un terremoto en esta ocasión, no lo sabemos; de lo que estamos seguros es que él sacude la tierra y la hace temblar (Salmo 60: 2; Isaías 2: 19, 21) y que los elementos cumplen su voluntad (Salmo 148: 8).

Pero el mismo temblar de la tierra, aunque descrito por los hombres como un terremoto, es, en este caso del cruce del Jordán, un verdadero milagro.