6.08. La conquista de la Canaán central

Con la caída de Jericó y Hai la parte central de Canaán quedó abierta ante los invasores. Cuando los israelitas avanzaron hacia el interior, para su consternación hallaron que habían sido engañados por los habitantes de Gabaón y de otras ciudades, con los cuales poco tiempo antes habían celebrado una alianza de ayuda mutua, sin saber que sus nuevos aliados eran habitantes de Canaán. Por lo tanto, los israelitas no podían tomar sus ciudades, y hasta se vieron obligados a ayudarlos cuando fueron atacados por reyes de ciudades vecinas que estaban disgustados por la alianza de los gabaonitas con Israel (Josué 9).

A fin de cumplir un mandato dado previamente por Moisés, los israelitas fueron a Siquem, edificaron un altar e inscribieron la ley en un monumento de piedra revocado (ver Deuteronomio 11: 29-32; 27: 1-8; Josué 8: 32-35). La mitad del pueblo se paró sobre el monte Ebal y la otra mitad sobre el monte Gerizim, mientras se les leían las bendiciones y maldiciones prescritas por Moisés. La Biblia no explica cómo los israelitas lograron posesionarse de la región de Siquem, en la parte central del país. Sin embargo, tenemos la impresión de que no hubo hostilidades que precedieron a su toma de posesión de esta sección del país.

Aunque la Biblia mantiene silencio respecto a los acontecimientos que llevaron a la rendición de Siquem una carta de Amarna (No. 289) escrita pocos años después por el rey de Jerusalén al faraón, probablemente contenga información respecto a cómo los israelitas se posesionaron de la región de Siquem.

En esta carta, el rey de Jerusalén se queja de que los habiru (hebreos) se habían vuelto tan fuertes que había peligro de que él y otros reyes que aún los resistían tuvieran que rendir sus ciudades, así como Siquem se había rendido. El pasaje importante reza: "A nosotros nos sucederá lo mismo, después que Labaja y la tierra de Sakmi [Siquem] han dado [todo] a los habiru [hebreos]". Por lo tanto, hay razón para concluir que el rey de Siquem siguió el ejemplo de los gabaonitas y se rindió sin luchar.

A fin de castigar las ciudades que se habían rendido voluntariamente a los israelitas, el rey amorreo de Jerusalén hizo alianza con otros cuatro príncipes del sur de Palestina y amenazó tomar a Gabaón. Respondiendo a un urgente pedido de ayuda de los gabaonitas, Josué marchó contra los cinco reyes y derrotó sus ejércitos y en la batalla memorable de Azeka y Maceda, durante la cual el día fue alargado en respuesta a la oración de Josué. Los cinco reyes cayeron en manos de Josué y fueron muertos, y en la campaña siguiente fueron tomadas muchas ciudades cananeas del sur. Sin embargo, no se hizo esfuerzo por aniquilar las poblaciones derrotadas ni por ocupar sus ciudades. Por el contrario, después de tomar las ciudades cananeas, los israelitas evidentemente las devolvieron a sus habitantes y se retiraron a su campamento en Gilgal, cerca del Jordán (Josué 10).

Más tarde se emprendió una campaña contra una alianza hostil que estaba bajo la dirección del rey de Hazor, en el norte. Luego en la batalla de Merom (Aguas de Merom) los israelitas volvieron a salir victoriosos. Aunque destruyeron a Hazor del todo y persiguieron a sus enemigos que huían, no ocuparon permanentemente esta parte del país, sino que la dejaron a sus enemigos derrotados como lo habían hecho con la parte meridional (Josué 11).

Las únicas otras campañas militares llevadas a cabo durante el período de la conquista fueron las de Caleb contra Hebrón, la de su hermano Otoniel contra Debir (Josué 14: 6-15; 15: 13-19; Jueces 1: 10- 15), y de las tribus de Judá y Simeón contra Jerusalén (Jueces 1: 3-8). Sin embargo, muchas de las ciudades tomadas durante las diversas campañas no fueron ocupadas, como por ejemplo Jerusalén (ver Jueces 1: 8; cf. vers. 21 y 2 Samuel 5: 6-9), Taanac (ver Josué 12: 21; cf. Jueces 1: 27), Meguido (ver Josué 12: 21; cf. Jueces 1: 27), Gezer (ver Josué 12: 12; cf. 1 Reyes 9: 16) y otras. Los registros bíblicos relatan también que regiones enteras, tales como Filistea, Fenicia y la Siria septentrional y meridional (Josué 13: 2-6) quedaron sin ocupar.