7.02. La XXII y la XXIII dinastías libias (c. 950- c. 750 AC)

Se desconoce cómo se efectuó el cambio de la XXI dinastía a la XXII.

El primer rey de la nueva dinastía, Sheshonk (o Sheshonq), el Sisac bíblico, era un comandante del ejército libio, y puede haber usurpado el trono alrededor del 950 AC. Durante la última parte del gobierno de la XIX dinastía y principios de la XX, muchísimos libios habían sido llevados a Egipto como prisioneros de guerra. No pocos actuaron entonces como soldados en las guerras de Ramsés III contra los pueblos del mar. Sirvieron a varios reyes como mercenarios. Algunos alcanzaron honores y ejercieron cargos, como por ejemplo, una familia de Heracleópolis en el norte del Alto Egipto, varios de cuyos miembros sirvieron como oficiales del ejército y otros llegaron a ser gobernadores de ciudades y distritos egipcios.

Cuando Sheshonk llegó al trono, pudo deshacerse de la dinastía sacerdotal de Tebas; nombró a uno de sus propios hijos sumo sacerdote de Amón, y ligó así nuevamente a Tebas, el centro religioso, con la monarquía y logró la unidad política de Egipto. El nuevo rey se ocupó durante varios años en restaurar el orden en el país, y tuvo cierta medida de éxito.

Tan pronto como logró el dominio de Egipto, Sheshonk volvió su atención al Asia, donde hizo grandes esfuerzos para reconstruir el imperio anterior. En este empeño le favoreció la muerte del rey Salomón y la división del reino de Israel en dos Estados rivales.

En 1 Reyes 14: 25, 26 y 2 Crónicas 12: 2-4 se describe brevemente la campaña palestina de Sheshonk en el quinto año de Roboam. Los egipcios sitiaron y saquearon muchas ciudades judías e israelitas, entre ellas la rica ciudad de Jerusalén, de donde los tesoros de Salomón fueron llevados a Egipto. Sheshonk levantó estelas de victoria en Palestina. Se halló un fragmento de una de ellas en Meguido, y en las excavaciones de Biblos fue desenterrada una estatua del rey.

Cuando Sheshonk regresó a Egipto, celebró su triunfo e hizo grabar una lista de ciudades conquistadas en una de las paredes del gran templo de Amón en Karnak, donde alrededor de 100 nombres de ciudades palestinas han escapado a las fuerzas destructivas de la naturaleza y del hombre durante los últimos tres milenios. Entre éstos hallamos nombres tan bien conocidos como Taanac, Meguido, Bet-seán, Mahanaim, Gabaón, Bethorón, Ajalón y otros (figura).


Aunque la campaña tuvo un éxito momentáneo, Sheshonk no pudo mantener su poder en Asia e imponerle su voluntad en forma permanente. El esfuerzo hecho por reorganizar el imperio asiático fue un fracaso. Egipto carecía de su fuerza anterior y se había convertido definitivamente en un poder de segunda categoría.

La ubicación de las tumbas de los reyes de la XXI a la XXIII dinastías era desconocida hasta que el Prof. P. Montet, excavador francés de las ruinas de Tanis, descubrió en esta ciudad algunas tumbas reales de la XXI y la XXII dinastías. Había tumbas intactas; sin embargo, no contenían tesoros tan fabulosos como la tumba de Tutankamón, aunque se descubrieron en ellas algunos hermosos objetos de oro y plata. Un magnífico brazalete de oro de la tumba del nieto de Sheshonk lleva una inscripción que dice que le fue dado por su abuelo. Puede ser que haya sido hecho con el oro que llegó a manos de Sheshonk de los tesoros del rey Salomón. La tumba de Sheshonk I no ha sido descubierta aún. Puede contener valiosa información respecto de su campaña asiática.

Los sucesores de Sheshonk, de la XXII dinastía, como también de la XXIII, probablemente todos libios, fueron reyes débiles. Los 15 reyes de las dos dinastías reinaron durante unos 200 años (c. 950-750 AC), pero Egipto era una mera sombra de lo que había sido. No desempeñaba un papel en la política mundial ni produjo ninguna obra arquitectónica o artística comparable con las de épocas anteriores.

Su verdadera condición es caracterizada en forma adecuada poco después por el Rabsaces, el comandante asirio del ejército de Senaquerib que dijo literalmente a los soldados de Ezequías:

"He aquí que confías en este báculo de caña cascada, en Egipto, en el cual si alguno se apoyare, se le entrará por la mano y la traspasará. Tal es Faraón rey de Egipto para todos los que en él confían" (2 Reyes 18: 21).

Aunque su declaración se refería en verdad al Egipto de la XXIV dinastía, no hay palabras que pudieran describir mejor la debilidad política de las dinastías libias.