8.04. Tiglat-pileser I y tiempos posteriores (1113-933 AC)

El ideal asirio de dominación mundial halló un digno paladín en la persona de Tigiat-pileser I (1113-1074 AC). Es evidente que los asirios nunca perdieron de vista este ideal, perseguido insistentemente desde el siglo XIV hasta el VII, siempre que las circunstancias fueron favorables.

Durante los primeros años de su reinado, Tiglat-pileser comenzó a restablecer el imperio anterior de Tukulti-Ninurta I. Informó de sus realizaciones en los ahora famosos documentos que depositó en el fundamento del templo de Anu y Adad, en Asur, que fueron usados en 1857 para comprobar que la ciencia incipiente de la asiriología había llegado a su mayoría de edad. Copias de estos textos fueron entonces dadas a cuatro eruditos que, independiente y correctamente, tradujeron cada una de ellas, comprobando así que el enigma de la escritura cuneiforme había sido resuelto (ver El desciframiento de la Escritura Cuneiforme).

El rey llevó a cabo campañas en las tierras septentrionales de Nabiri; luego se dirigió contra los muskhi, que recientemente habían avanzado hacia el oriente desde el Asia Menor. Finalmente llegó hasta el mar Negro, y también obligó a Malatia de Hanigalbat a pagar tributo. Después de completar sus campañas septentrionales se volvió hacia el sur, tomo las ciudades babilónicas de Dur-Kurigalzu, Sippar, Babilonia y Opis, pero permitió que los vencidos babilonios retuvieran cierto grado de independencia.

Cuando Tiglat-pileser invadió a Siria a fin de cortar cedros del Líbano para sus edificios, le pagaron tributo los príncipes sirios y fenicios, entre ellos los de Sidón y Biblos. Sin embargo, Tiro, confiando en su isla inexpugnable, se negó a hacerlo. Arvad invitó al rey a hacer un viaje por el Mediterráneo, donde dio caza a un monstruo marino. Hasta el faraón de Egipto cautelosamente envió dádivas al poderoso monarca asirio, entre ellas un cocodrilo, que el rey exhibió públicamente en Asur. Con todo, a Tiglat-pileser le resultó difícil resistir la presión de los arameos, que venían contra él en oleadas sucesivas.

Este rey asirlo fue un verdadero constructor del imperio, y su reino fue por lo menos igual en importancia a los de los hititas o egipcios de épocas anteriores.

Pero hubo una gran diferencia entre los imperios anteriores y el nuevo. En los imperios anteriores los vasallos habían sido considerados como seres humanos, y con frecuencia se demostraba cierta generosidad para con los enemigos vencidos. Pero los asirios tenían un solo propósito: someter todas las naciones al poder de su dios Asur. Por lo tanto, daban a elegir a sus enemigos entre la sumisión incondicional o la aniquilación.

Los arameos, contenidos por el genio militar de Tiglat-pileser, resultaron demasiado fuertes para sus sucesores. Aquéllos no hallaron resistencia en Babilonia, y se infiltraron más y más en las regiones que los asirios habían reclamado como suyas.

Durante casi un siglo y medio después de la muerte de Tiglat-pileser, Asiria fue presionada hasta quedar reducida a su región original sobre el Tigris y desempeñó el papel de un poder secundario, mientras que los arameos proseguían su conquista de Siria y del norte de Mesopotamia y fundaban numerosas ciudades-estados.

Mientras tanto, las tribus arameas del sur, mejor conocidas como caldeos, tomaron a Babilonia y formaron una dinastía que, aunque interrumpida frecuentemente por los asirios durante los siglos siguientes, permaneció intacta hasta mediados del siglo VI AC.