8.05. Asiria desde Asurdán II hasta Salmanasar III (933-824 AC) - I

Surgió otro poderoso rey asirio en la persona de Asurdán II (933-912 AC). Como digno descendiente de Tiglat-pileser I, en primer lugar reorganizó las fuerzas militares y económicas de Asiria, y luego comenzó la reconquista de las partes arameas de Mesopotamia. Los anales reales cuentan cómo los reyes asirios llevaban anualmente sus ejércitos hacia el norte y el noroeste.

Los cinco siguientes reyes: Asurdán II, Adad-nirari II (910-889 AC), Tukulti-Ninurta II (889-884 AC), Asurnasirpal II (884-859 AC), y Salmanasar III (859-824 AC), cada uno hijo de su predecesor, parecen haber estado poseídos por un solo deseo, a saber, la derrota de los arameos y la reconquista de su territorio.

Tal vez ningún otro siglo de la antigüedad vio tanto derramamiento de sangre como el IX, y en ninguna otra parte se sacrificaron tantas vidas como en el norte de Mesopotamia y Siria durante el reinado de los cinco reyes mencionados. Casi nunca han sido firmados y quebrantados los tratados con tanta frecuencia como en este período.

Los habitantes de las naciones sometidas, que repetidas veces fueron testigos de la muerte de sus seres amados y la destrucción de sus hogares y campos, parecen haber considerado las frecuentes expediciones asirias como plagas ordenadas divinamente ("Oh Asiria, vara y báculo de mi furor, en su mano he puesto mi ira" Isaías 10: 5), mientras que los reyes asirios por su parte parecen haber creído que era su deber sagrado el reprimir con fuego y espada las continuas rebeliones de sus súbditos.

Habiendo conquistado la tierra de Hanigalbat, incluso su capital Nisibis, Adad-nirari II rompió con la costumbre de exigir un tributo anual y convirtió el país en provincia asiria. Cuando Asurnasirpal II reconquistó este territorio después de una nueva revuelta, lo hizo con una crueldad tan inhumana que nunca fue posible que hubiera una nueva rebelión en esta región. Tuvo éxito en extender los límites del imperio hasta darle aproximadamente la misma extensión que tuvo en tiempos de Tiglat-pileser I.

Pero había una importante diferencia: Asiria era gobernada ahora con mano férrea, y la misericordia era desconocida dondequiera ejerciese su poder Asurnasirpal. El imperio fue dividido en provincias regidas por gobernadores asirios. Las provincias consistían en distritos organizados que tenían por centro a las ciudades. Las poblaciones de estas provincias eran oprimidas por los cobradores de tributos, hasta el punto que vivían con un solo propósito: el de pagar tributos a fin de satisfacer la sed insaciable del monarca asirio.

Salmanasar III, que ascendió al trono a una edad avanzada en 859 AC, no sólo supo cómo mantener intacto el imperio de su padre, sino que también tuvo éxito en extenderlo a nuevas regiones. Fue el primer rey asirio que se relacionó con el pequeño reino de Israel. Este había crecido hasta ser un reino de tamaño respetable durante el reinado de David y Salomón, cuando Asiria y Egipto estaban demasiado débiles para impedir ese crecimiento. Pero el cisma del reino hebreo en dos Estados después de la muerte de Salomón (931/30 AC) coincidió con la resurrección del poder asirio cuando Asurdán II ascendió al trono en 933 AC, y los asirios se volvieron codiciosos hacia el oeste. Sin embargo, mientras la lucha se dirigiese sólo contra los Estados del norte de Mesopotamia, Israel no tendría mucho que temer del poderoso Estado ubicado sobre el Tigris; pero a medida que el peligro de invasión llegaba cada vez más cerca con cada nuevo rey y cada nueva expansión del imperio asirio, los reyes de Israel deben haberse sentido más y más alarmados. Finalmente Israel fue arrastrado al conflicto como también lo fue Judá.

No se sabe si Acab, mencionado como uno de los aliados que luchó contra Salmanasar III en Qarqar (Karkar) en 853 AC, participó en la alianza contra Asiria por su propia voluntad o si fue obligado a hacerlo por Damasco (Siria). Esto será tratado en la sección sobre la historia del reino dividido de Israel y Judá. De allí en adelante, las inscripciones asirias mencionan a los reyes israelitas con bastante frecuencia. Durante los 130 años siguientes hubo muchos conflictos de interés entre los dos poderes, hasta que el reino de Israel siguió el ejemplo de otros Estados sirios y palestinos convirtiéndose en una provincia asiria.