12.12 - Los reyes de Israel - Acab (874-853 AC).

Con Acab, el siguiente rey, llegó al trono de Israel un gobernante débil. No tenía fuerza para resistir a su esposa fenicia de recia voluntad, que estaba resuelta a exaltar al máximo su propia religión. Al traer desde su patria hasta la mesa real a centenares de sacerdotes y profetas de Baal y Astarté, al introducir los ritos inmorales del sistema de culto cananeo y al perseguir y matar a los adoradores del verdadero Dios, Jezabel causó una crisis religiosa de primera magnitud (1 Reyes 18:4, 19). A causa de esta crisis, y debido a que algunos de los más grandes dirigentes espirituales del AT, Elías y Eliseo, vivieron y trabajaron en Israel en esa época, la Biblia dedica mucho espacio a Acab.

Elias fue llamado por Dios para luchar por la supervivencia de la verdadera religión. Una larga sequía de tres años y medio, predicha por el profeta como castigo de Jehová, llevó la tierra de Acab al borde de la ruina económica. La sequía llegó a su fin con la victoria de Elías sobre los sacerdotes de Baal en el monte Carmelo, donde se realizó una competencia entre el poder de Jehova y el de Baal (vers. 17-40). Pero mientras reinó Acab, floreció el culto pagano de Baal. Es notable que Acab no se atreviera a dar nombres de Baal a sus hijos; todos los nombres conocidos de éstos: Ocozías, Joram y Atalía, contienen la forma abreviada de Jehová. Sin embargo, sus súbditos tuvieron menos escrúpulos en esto. Numerosos nombres personales de ese período y otros subsiguientes estaban relacionados con Baal (Abibaal, Baala, Baalzamar, Baalzakar y otros) según lo demuestran las inscripciones de fragmentos de alfarería hallados al excavar en Samaria.

Acab se hizo famoso por la "casa de marfil" que construyó (1 Reyes 22:39; Amos 3:15). Gran número de placas de marfil hermosamente talladas, que se hallaron en la excavación en Samaria, revelan que el interior de su palacio probablemente estuvo decorado con marfil. Los diseños son semejantes a los que se hallan en decoraciones hechas con marfil en Siria y Asiria.

Como guerrero, Acab tuvo un éxito limitado. Dos veces derrotó a los sirios. El botín de estas dos guerras victoriosas lo enriqueció mucho, y le valió concesiones económicas en Damasco (1 Reyes 20:21, 34). De ahí que, por un tiempo, llegase a ser uno de los monarcas más poderosos al occidente de Asiria. Cuando Salmanasar III avanzó por Siria, Acab se unió con sus anteriores enemigos para hacer causa común contra los asirlos, y reunió más carros que cualquiera de los aliados.  Esto se ve en la lista que da Salmanasar de sus adversarios en la batalla de Qarqar, conservada en una inscripción histórica grabada en una roca en la parte superior del Tigris. La inscripción declara que de los 3.940 carros que peleaban contra los asirios, 2.000 pertenecían a Acab, mientras que los otros 10 aliados habían reunido solamente 1.940. De los 52.900 soldados de infantería, Acab proporcionó 10.000. Cuando la batalla de Qarqar detuvo el avance de Salmanasar, Acab, consciente de su fuerza, se volvió inmediatamente contra Damasco para recuperar la posesión de la ciudad de Ramot de Galaad, en Transjordania; pero perdió la vida en esa batalla (1 Reyes 22).