2.11. Los pueblos del mar

Después de conjurar el peligro del occidente, Ramsés debió afrontar otro peligro aún mayor del noreste.

Los así llamados pueblos del mar, de Creta, Grecia, las islas del Egeo y tal vez de Cerdeña y Sicilia, se dirigieron hacia el oriente. Invadieron y destruyeron las ciudades costeras del Asia Menor, como Troya; luego, el reino hitita; después una cantidad de Estados del norte de Siria, como Ugarit; y por fin marcharon hacia el sur por la costa de Fenicia y Palestina en un esfuerzo por invadir el mayor país civilizado de su tiempo: el fértil valle del Nilo.

Entre ellos estaban los teucros y los filisteos; estos últimos venían con sus familias en carros tirados por bueyes. Ambas tribus se establecieron en la costa de Palestina después que terminó la migración de los pueblos del mar.

Comprendiendo la seriedad de la situación, Ramsés III afrontó las fuerzas enemigas en la frontera de Palestina, en el octavo año de su reinado. En una gran batalla infligió una seria derrota a los posibles invasores, y destruyó su flota cuando ésta intentó desembarcar en uno de los canales del Nilo.

Aunque Ramsés pudo salvar así a Egipto de la invasión, no fue lo bastante fuerte como para expulsar de Palestina a los teucros y los filisteos, quienes, estableciéndose allí, controlaron la rica región costera durante muchos siglos. En esto probablemente los ayudaron ciertas tribus filisteas que habían llegado antes del movimiento de los pueblos del mar, lo cual trajo al país fuertes contingentes de pueblos racialmente emparentados.

En Medinet Habu, templo construido por Ramsés III en la Tebas occidental, y hoy el mejor conservado de todos los templos prehelenísticos, el rey representó sus batallas en relieves monumentales. Estas figuras son de gran valor porque muestran las peculiaridades de los diferentes pueblos contra los cuales luchó Ramsés. Los filisteos aparecen con sus típicos cascos de plumas, por los cuales siempre se los puede distinguir.

Hay también otros pueblos del mar, los sherden (probablemente sardos), los sículos (sicilianos), los dardanios del Asia Menor occidental, los aqueos de las islas del Egeo, y otros pueblos, todos con sus cascos típicos u otros atavíos característicos. Estos relieves, que representan la guerra terrestre y marítima de ese tiempo, forman así una fuente importante de material ilustrativo para una correcta comprensión de los movimientos raciales que ocurrieron en los países del Mediterráneo oriental durante el período de los jueces de Israel. Sin embargo, estos movimientos no afectaron al pueblo de Israel.

Los israelitas vivían en el interior de Palestina, y las principales rutas de tránsito de la costa fueron testigos de las batallas decisivas de la época. Sin embargo, en la última parte del período de los jueces los filisteos consolidaron su posesión de las regiones costeras de Palestina y amenazaron la existencia nacional de Israel. Extendieron su influencia sobre la parte montañosa de Palestina y sojuzgaron a Israel durante décadas. La contienda con los filisteos resultó larga, y la lucha por la libertad comenzada con Sansón continuó con Samuel y Saúl, y sólo fue completada en el reinado de David.

Ramsés III no sólo tuvo éxito en salvar a Egipto de los peligros externos, sino que también promovió la seguridad interna. Un texto declara con satisfacción que una vez más "las mujeres pueden caminar por donde quieren sin ser molestadas".

De fines de su reinado nos llega el gran papiro Harris, que se halla ahora en el Museo Británico, el cual contiene un resumen de todas las donaciones que el rey había hecho a los diversos templos y dioses, y de todas las propiedades que los templos tenían antes de él.

Este documento es una fuente importante de informaciones sobre la economía secular y eclesiástica de Egipto durante ese tiempo; sin embargo, plantea dos problemas importantes:

(1) ¿Se añadieron las dádivas del rey a propiedades anteriores, o consistían en una confirmación real de posesiones antiguas?

(2) ¿Qué relación había entre esas dádivas y propiedades y la economía de todo Egipto?

De ahí que este documento haya sido interpretado de forma diferente por diversos eruditos.

Breasted cree que alrededor de un 8 por ciento de la población de Egipto estaba al servicio del templo, y que un 15 por ciento de la tierra era propiedad eclesiástica. Sin embargo, Schaedel sostiene que las cifras debieran ser 20 por ciento y 30 por ciento respectivamente. Sean cuales fueren las cifras correctas, es evidente que los dirigentes eclesiásticos desempeñaban un papel importante en el Egipto de ese tiempo, y que ningún rey tenía posibilidades de sobrevivir a menos que los apoyase.