8.11. Senaquerib (705-681 AC)

Cuando Senaquerib llegó al trono ya era diestro en el arte de gobernar pues había sido gobernador de la provincia septentrional de Amid durante el reinado de su padre. Su carácter difería del de Sargón II. Tuvo vivo interés en el mejoramiento técnico del material bélico y en nuevos métodos de construcción que hicieron de Nínive la capital más gloriosa del período asirio. En política demostró una severidad muy intransigente, debilidad que le hizo difícil gobernar con éxito un imperio y mantener unido lo que había heredado.

Los dos sucesos sobresalientes de su vida que impresionarían a las generaciones posteriores -la inútil destrucción de Babilonia y su fracasado sitio de Jerusalén- a la luz de la historia, se consideran ahora como fracasos políticos.

Cuando Senaquerib llegó al trono, estalló una rebelión entre los príncipes de Siria y Palestina, que confiaron en la ayuda de Egipto. Por lo tanto Senaquerib marchó hacia el oeste (701 AC) y pudo restaurar las condiciones que antes existían en la mayoría de los lugares donde llegó.

Después de una larga campaña, cuando acampó finalmente en Laquis a fin de hacer preparativos para el sitio de Jerusalén, recibió el tributo de Ezequías de Judá, que de esta forma procuró apaciguar al inhumano rey de Asiria. Pero no era posible satisfacer a Senaquerib con nada menos que la rendición incondicional de Jerusalén. Con todo, la demanda fue rechazada por Ezequías, y Senaquerib, cuya presencia fue indudablemente requerida en otra parte, parece haber interrumpido la campaña.

Por lo menos en sus inscripciones de victoria no declara más que haber encerrado a Jerusalén como un pájaro en una jaula. No afirmó haber tomado la ciudad ni a su rey. Judá se salvó por el momento, y no fue amenazada nuevamente hasta fines del reinado de Ezequías.

Ezequías, animado porque Senaquerib había fracasado al tratar de tomar a Jerusalén en 701 AC, continuó participando en coaliciones antiasirias, lo que finalmente produjo el regreso de los ejércitos asirios a Judea. No existen registros cuneiformes de esta segunda campaña de Senaquerib, realizada después de la ascensión de Taharka al trono de Egipto (690 AC). Con el estímulo y el apoyo del profeta Isaías, Ezequías rechazó una nueva demanda de rendición del rey asirio.

Aunque Isaías había aconsejado a Ezequías que no participase en la coalición contra Asiria, ya hecha la equivocación se puso de parte del rey, y le aseguró que Senaquerib "no entrará en esta ciudad, ni arrojará saeta en ella; no vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte" (Isaías 37: 33). No fue un ejército egipcio el que salvó a Jerusalén en esta ocasión, sino un milagro. "Y salió el ángel de Jehová y mató a ciento ochenta y cinco mil en el campamento de los asirios; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos" (vers. 36).

Babilonia ocasionó más dificultades que el occidente. Inmediatamente después de la ascensión de Senaquerib al trono, Marduk-apal-iddina regresó de Elam y con la ayuda del rey elamita Sutrup-nachunde ocupó el trono de Babilonia durante casi un año. Pero Senaquerib marchó contra Babilonia en 703 AC, derrotó a Marduk-apaliddina e instaló como gobernante a Bel-ibni, un babilonio autóctono que se había educado en Asiria.

Poco después de la desastrosa campaña de Senaquerib en el oeste, Babilonia se rebeló nuevamente. Por lo tanto, Senaquerib dirigió otra expedición contra los babilonios, en la cual fueron devastadas grandes zonas del país. Después de tomar prisionero a Bel-ibni, Senaquerib puso como rey de Babilonia a su propio hijo, Asur-nadin-shumi. Sin embargo, los elamitas tomaron a Babilonia en 694 AC y pusieron a Nergal-ushezib en el trono, pero este rey fue capturado un año más tarde por Senaquerib.

Después de nuevas rebeliones, el caldeo Mushezib- Marduk ascendió al trono en 692 AC y, según la crónica babilónico, derrotó al ejército asirio enviado contra él. Senaquerib se volvió entonces tan impaciente por el desasosiego continuo en Babilonia que resolvió eliminarla como foco de dificultades de su imperio. Por lo tanto, cuando tomó la ciudad en 689 AC, hizo lo que ninguno de sus predecesores había osado: destruyó la metrópoli babilónico en forma cabal y sistemática y arrojó los escombros de templos y palacios al río, lo que lo hizo cambiar de curso. Los dioses secundarios fueron hechos añicos y los más importantes llevados a Asiria. Los babilonios no perdonaron ni olvidaron esto, y se vengaron en forma terrible unos 77 años más tarde cuando destruyeron a Nínive.

Senaquerib fue muerto por sus propios hijos, según la Biblia, la crónica babilónica y una inscripción de Esar-hadón. Cada uno de estos registros añade algo a nuestra fragmentaria información respecto de esta nefanda acción.