9.00. Fenicia - Desde los primeros tiempos hasta Nabucodonosor II

Aunque no se la menciona por este nombre en el AT, Fenicia se relacionó mucho con los hebreos, y la historia de este país tiene cierta importancia para el estudiante de la Biblia, que frecuentemente encuentra mencionadas ciudades fenicias tales como Tiro, Sidón, Sarepta, Gebal (Biblos) y Arvad.

El territorio de Fenicia abarcaba la angosta faja costera de Siria al norte de la bahía de Acre y entre los montes Líbano y el Mediterráneo. Consiste en una cantidad de pequeñas llanuras donde las montañas se alejan del mar, cada una de las cuales estaba dominada por una ciudad marítima. La llanura costera varía en anchura desde unos 800 m hasta casi 5 km. Sin embargo, en algunos lugares, como en Nahr-el-Kelb, el río del Perro, al norte de Beirut, las montañas descienden en forma escarpada hacia el mar, de manera que el camino debe ser cortado en la roca.

Antiguamente se edificaban las ciudades en islas rocosas cerca de la costa como Tiro y Arvad- o sobre la costa donde la tierra que penetra en el mar forma pequeñas bahías en lo que es, en su mayor parte, una línea costera recta como con Trípoli y Biblos. El país era bien regado por una cantidad de ríos que bajaban de los montes Líbano, que en los tiempos antiguos estaban cubiertos de tupidos bosques de cedros y otras coníferas. Fenicia era rica en cereales, frutas y vino, y como principal exportadora de madera de cedro de las montañas y de los productos del interior de Siria, se convirtió en el centro comercial del mundo antiguo.

El nombre griego del país, Fenicia, tiene que ver con una de sus principales exportaciones, una anilina de color púrpura llamada φοινιξ [phoinix], "púrpura", o "carmesí". Sin embargo, los habitantes se llamaban a sí mismos Kena'ani, es decir, cananeos, y su tierra la denominaban Canaán, lo que está de acuerdo con Génesis 10: 15-19, donde se da una lista de los habitantes de varias ciudades fenicias como descendientes de Canaán.

No hay suficiente material arqueológico para formar una historia completa de Fenicia, y su historia más remota está completamente envuelta en la oscuridad. Sin embargo, una de las ciudades fenicias -Biblos- aparece en registros egipcios del tercer milenio como una ciudad importante en la exportación de madera de cedro. Excavaciones realizadas en Biblos han demostrado que hubo una fuerte influencia egipcia en tiempos del antiguo reino (egipcio). Los tirios de tiempos posteriores tenían una tradición según la cual su ciudad había sido fundada en 2750 AC, y los sidonios pretendían que su ciudad era aún más antigua.

La primera alusión a estos importantes puertos del sur de Fenicia se halla en los registros de la XVIII dinastía de Egipto, cuando los reyes del valle del Nilo dominaron toda Fenicia. Sin embargo, el hecho que los fenicios tuvieran que pagar tributo a Egipto y debieran tolerar una guarnición egipcia en sus ciudades no afectó materialmente su poderío económico. Su comercio exterior parece haber florecido, y sus agentes se hallaban en Chipre, en las costas del Asia Menor y en el mar Egeo. Hacía fines del segundo milenio extendieron su esfera de influencia económica y enviaron barcos a Sicilia, Cerdeña, el norte del Africa y España. Más tarde se fundaron colonias permanentes en países distantes. De estas colonias, Cartago llegó a ser la más famosa. Llegó a ser tan poderosa que en tiempos de Roma osó desafiar su política imperial. Tartessos, en España, el punto más distante de influencia fenicia, fue uno de los varios lugares llamados "Tarsis" -o "fundición"-, hasta donde viajaban las "naves de Tarsis" (Salmo 48: 7; 1 Reyes 10: 22).

Hasta fines del segundo milenio AC Sidón había ocupado el lugar más importante entre los puertos fenicios, pero durante el primer milenio Tiro tomó la delantera y la mantuvo durante muchos siglos. Parece que Fenicia nunca elaboró un gobierno unificado que controlase todo el país, sino que cada ciudad grande tenía su propio gobernante cuyo control se extendía a las comunidades adyacentes más pequeñas.

Se conoce una cantidad de gobernantes de Biblos gracias a inscripciones halladas durante las excavaciones hechas en dicha ciudad, pero después de mediados del segundo milenio AC el papel político de Biblos parece haber sido a lo sumo secundario. Hiram es el primer gobernante de Tiro cuyo nombre se conoce. Era contemporáneo de David y Salomón, y colaboró en la construcción del templo de Jerusalén. También sus marineros participaron con los de Salomón en expediciones a Ofir.

Uno de los sucesores posteriores de Hiram fue Et-baal, padre de Jezabel, la infame esposa de Acab. Había sido sacerdote de Astarté antes de llegar a ser rey de Tiro, lo que puede explicar el celo de su hija por la religión de su tierra natal, aun después de llegar a ser reina de Israel. Durante el reinado de Et-baal comenzó una ardua lucha con Asiria, país que a partir del siglo IX AC procuró someter una a una todas las tierras que se hallaban hacia el oeste. De ahí que, en la batalla de Qarqar en 853 AC, hallemos al rey de la ciudad fenicia de Arvad con 200 soldados en la coalición contra Salmanasar III. Sin embargo, la mayoría de las otras ciudades fenicias convinieron en pagar tributo. Así, por un tiempo mantuvieron cierta independencia y continuaron sin molestias su lucrativo comercio de ultramar.

Un episodio importante en la historia fenicia fue la lucha de Tiro contra Salmanasar V y Sargón II en tiempos del rey Ezequías de Judá. Tiro fue sitiada durante cinco años y gravemente perjudicada. Parece que la ciudad se vio finalmente obligada a rendirse y una vez más fue hecha tributario. Pero Tiro se rebeló de nuevo en tiempos de Senaquerib y fue sitiada sin éxito. Sin embargo, cuando Sidón siguió el ejemplo de Tiro y se rebeló contra Esar-hadón, éste la tomó y destruyó (678 AC). Tiro permaneció independiente durante unos pocos años más, pero al fin Asurbanipal la obligó a volver al redil de Asiria.

Cuando el decadente imperio asirio fue reemplazado por el neobabilónico, Tiro aprovechó las dificultades políticas del período de transición, se declaró independiente y rehusó enviar tributos a Babilonia. Como resultado, Nabucodonosor se vio obligado a usar la fuerza contra la ciudad. Durante trece años sitió a Tiro antes de que ésta se rindiese. Nabucodonosor permitió que su rey permaneciese en el trono, pero nombró un alto comisionado babilonio para proteger los intereses del imperio.