EL DIOS QUE YO CONOZCO

11.03. Salomón (971-931 AC)

Salomón, tercer gobernante del reino unido de Israel, cuyo nombre era también Jedidías, "al cual amó Jehová" (2 Samuel 12: 24, 25), parece haber seguido la costumbre oriental de tomar un nombre para ocupar el trono: Salomón, "pacífico". Su reinado hizo que este título no fuese sólo apropiado, sino también popular.

Por razones no especificadas, Dios escogió a Salomón para que fuese el sucesor de David, y éste lo proclamó rey durante una revolución de palacio que tenía el propósito de colocar en el trono a su hermano mayor Adonías (1 Reyes 1: 15-49). Aunque Salomón pareció al principio demostrar clemencia para con Adonías, no se olvidó del incidente. Por lo general, el menor error que cometieron los opositores de Salomón les costó la vida. De ahí que tanto Joab, instigador del complot, como Adonías fueran finalmente ejecutados, mientras que Abiatar, el sumo sacerdote, fue depuesto (1 Reyes 2).

Demostrando una piedad desusada para sus años, y comprendiendo al parecer la dificultad de sus problemas políticos, Salomón pidió a Dios sabiduría en la difícil tarea de gobernar el nuevo imperio. Su sabiduría, de la cual tenemos ejemplos en los Proverbios, Eclesiastés y Cantares, excedió a la de todos los demás sabios famosos de la antigüedad (1 Reyes 3: 4 a 4: 34). Esta fama atrajo a su corte a los intelectuales de varias naciones. De esas visitas, la de la reina árabe de Sabá parece haber sido la que hizo mayor impresión sobre sus contemporáneos (1 Reyes 4: 34; 10: 1-10).

El reino que Salomón heredó de su padre se extendía desde el golfo de Akaba, al sur, hasta casi el Eufrates, al norte. Nunca antes ni después tuvo tanta extensión el territorio israelita. Siendo que tanto Asiria como Egipto estaban muy débiles en esta época,Salomón no encontró verdadera oposición de parte de sus vecinos, y aprovechando esa situación, se aventuró en grandes empresas comerciales por tierra y por mar que le reportaron riquezas nunca antes vistas por su pueblo. De ahí que el esplendor de su reinado se hiciera legendario, como lo testifica Mateo 6: 28, 29.

Puesto que los fenicios ya controlaban el comercio del Mediterráneo, Salomón se dirigió hacia el sur y realizó empresas comerciales con Arabia y el Africa oriental, llevando a cabo sus expediciones marítimas con la ayuda de marinos de Tiro (1 Reyes 9: 26-28). La ciudad de Ezión- geber en el golfo de Akaba no sólo sirvió de puerto principal para estas expediciones, sino también, aparentemente, como un centro comercial del cobre extraído en el Wadi Arabá (la zona entre el mar Muerto y Ezión-geber). Como además controlaba muchas rutas comerciales terrestres, Israel llegó a ser el gran mercado de compra y venta de carros y lino egipcios, caballos de Cilicia y diversos productos de Arabia. Prácticamente nada entraba en Egipto desde el oriente, o en Mesopotamia desde el suroeste, sin enriquecer los cofres de Salomón (1 Reyes 4: 21; 10: 28, 29).

El rey emprendió también grandes construcciones. Sobre el monte Moriah, en el norte de la antigua Jerusalén, edificó una acrópolis que comprendía el magnífico templo, edificado en 7 años (1 Reyes 6: 37, 38), y su propio palacio, cuya construcción llevó 13 años (1 Reyes 7: 1). También construyó el millo' o "relleno", que algunos creen que estuvo entre Sion y Moriah, y reparó el muro de Jerusalén (1 Reyes 9: 15, 24). A lo largo del país se construyó una cadena de ciudades para sus carros a fin de garantizar la seguridad nacional, y esto requirió un gran ejército regular y muchos caballos y carros, costosos rubros del presupuesto nacional (1 Reyes 4: 26; 9: 15-19; 10: 26; 2 Crón. 9: 28). Las excavaciones de Gezer y Meguido han comprobado plenamente estas afirmaciones bíblicas.

Para sus múltiples empresas, el rey dependía del trabajo forzado (1 Reyes 5: 13-18; 9: 19-23), y de los fenicios, para conseguir obreros adiestrados y marineros (1 Reyes 7: 13; 9: 27). Los magníficos proyectos de construcción y las grandes exigencias del ejército fueron una carga tan pesada para la economía israelita, que aun los inmensos ingresos de Salomón resultaron insuficientes para financiar el programa, con el resultado de que en una ocasión tuvo que ceder 20 pueblos galileos a Fenicia en pago de la madera y del oro que necesitaba (1 Reyes 9: 10-14).

Siguiendo la costumbre de los monarcas orientales, Salomón tuvo un gran harén, y procuró fomentar la buena voluntad internacional casándose con princesas de la mayoría de las naciones circunvecinas, incluso Egipto, y permitió que se edificasen en Jerusalén santuarios dedicados a deidades extranjeras (1 Reyes 11: 1-8). La princesa egipcia, que trajo como dote la ciudad de Gezer que su padre había conquistado de los cananeos, parece haber sido su reina favorita por cuanto le construyó un palacio separado (1 Reyes 3: 1; 9: 16, 24).

Pero la gloria exterior del reino, el suntuoso ceremonial de la corte, las nuevas y poderosas fortalezas en todo el país, el fuerte ejército y las grandes empresas comerciales no podían ocultar el hecho evidente de que el imperio de Salomón estaba por desintegrarse. Había inquietud entre los israelitas a causa de los altos impuestos y el trabajo forzado requerido, y las naciones subyugadas sólo esperaban una señal de debilidad para independizarse de Jerusalén. Aunque la Biblia sólo menciona por nombre a tres rebeldes que se manifestaron en abierta oposición a Salomón: Hadad edomita, Rezón hijo de Eliada, y el efrainita Jeroboam (1 Reyes 11: 14-40), los sucesos que ocurrieron inmediatamente después de la muerte de Salomón implican que debe haber habido considerable desasosiego aun durante su vida.

Los escritores bíblicos, que se preocuparon más de la vida religiosa de sus héroes, dan como razón principal de la decadencia del poder de Salomón y la desintegración de su imperio, el hecho de que el rey se hubiera apartado del camino recto de sus deberes religiosos. Aunque había construido el templo de Jehová y en su dedicación ofreció una oración que reflejaba profunda experiencia espiritual (1 Reyes 8: 22-61), cayó en una poligamia e idolatría sin precedentes (1 Reyes 11: 9-11) que provocaron la prosecución de una política insensata que apresuró la caída de su reino.

No bien hubo cerrado los ojos Salomón, las tribus de Israel se separaron en dos bandos y varias de las naciones sometidas proclamaron su independencia.

11.02. David (1011-971 AC)

Después de la muerte de Saúl, David fue coronado rey sobre Judá en Hebrón (2 Samuel 2: 3, 4). En tiempos pasados había sido capitán en el ejército de Saúl, y por un tiempo fue yerno de Saúl (1 Samuel 18: 27), pero había vivido como proscrito en los bosques y las cavernas de las montañas del sur de Judá, y en una ciudad filistea durante los últimos años del reinado de Saúl (1 Samuel 19 a 29).

David, ungido secretamente por el profeta Samuel poco después del rechazo de Saúl como rey, estaba excepcionalmente dotado como guerrero, poeta y músico (1 Samuel 17; 2 Samuel 1: 17-27; 1 Samuel 16: 14-23). Era también profundamente religioso, y aunque cayó en un grave pecado, se arrepintió y recuperó el favor divino (ver el Salmo 51). Por lo tanto, se le confirmó el trono a perpetuidad a él y a su posteridad, lo que culminaría con el reino eterno del Mesías, que fue descendiente de David según la carne (Romanos 1: 3).

Los primeros siete años del reinado de David se limitaron a Judá, mientras que Is-boset, cuarto hijo de Saúl, reinó sobre el resto de las tribus desde su capital, Mahanaim, en Transjordania. Las relaciones entre los dos reyes rivales fueron amargas, e hicieron crisis en forma de luchas y derramamientos de sangre (2 Samuel 2: 12-32). Abner, comandante del ejército de Saúl, era el que realmente sostenía el trono de Is-boset, hombre débil que cayó víctima de unos asesinos inmediatamente después que Abner le retiró su apoyo (2 Samuel 3 y 4). Su verdadero nombre parece haber sido Es-baal, "hombre de Baal" (1 Crónicas 8: 33; 9: 39), lo que sugiere que cuando nació, Saúl se había alejado tanto de Dios que adoraba a Baal. Al escritor inspirado de 2 Samuel, este nombre le resultaba tan vergonzoso que nunca lo usó; por eso a Es-baal, "hombre de Baal", siempre prefirió llamarlo Is-boset, "hombre de vergüenza".

David había hecho de Hebrón su capital, y allí, después de la muerte de Is-boset, fue coronado rey sobre todo Israel, lo cual señaló el fin de la breve dinastía de Saúl. Después que David hubo reinado durante siete años y medio, se propuso establecer una nueva capital. Demostró notable sabiduría política al elegir como capital una ciudad que hasta ese momento no había pertenecido a ninguna tribu, y que por lo tanto sería aceptable para todos. Al conquistar la fortaleza Jebusea de Jerusalén, en la frontera entre Judá y Benjamín, y al establecer el centro político y religioso del reino en una ubicación central, lejos de las principales carreteras internacionales que atravesaban el país, David demostró una previsión política digna de encomio. Desde entonces Jerusalén ha sido una ciudad importante y ha desempeñado un papel destacado en la historia del mundo.

El reinado de David se distingue por una cadena ininterrumpida de victorias militares. Derrotó repetidas veces a los filisteos (2 Samuel 5: 17-25; 21: 15-22; 23: 13-17) y logró libertar completamente a Israel de la influencia de ellos. Los limitó a una región costera próxima a las ciudades de Gaza, Ascalón, Asdod, Gat y Ecrón. También subyugó a los moabitas, amonitas y edomitas (2 Samuel 8: 2, 14; 10: 6 a 11: 1; 12: 26-31; 1 Crónicas 18: 2, 11-13; 19: 1 a 20: 3), y sometió a los arameos de Damasco y Soba (2 Samuel 8: 3-13; 1 Crónicas 18: 5-10). Otras naciones procuraron su amistad mediante el envío de presentes -como lo hizo el rey de Hamat (2 Samuel 8: 9, 10)- o mediante la firma de tratados, como en el caso del rey fenicio de Tiro (2 Samuel 5: 11). De esta manera David pudo reinar sobre toda Palestina occidental y orienta, con excepción de la región costera, e indirectamente también sobre grandes secciones de Siria. Prácticamente todo el territorio entre el Eufrates y Egipto era administrado por los gobernadores de David, o le era favorable, o le pagaba tributo.

La política interna de David no siempre tuvo tanto éxito como su política exterior. Para fijar impuestos o para hacer un cálculo del potencial humano de su reino, hizo levantar un censo que ofendió a Joab, su general, y también a Dios (2 Samuel 24; 1 Crónicas 21 y 22). David, como otros estadistas fuertes antes y después de él, también cayó ocasionalmente víctima de sus concupiscencias -véase por ejemplo el episodio de Betsabé (2 Samuel 11: 2 a 12: 25)-, y como polígamo compartió los tristes resultados de esa costumbre. Uno de sus hijos cometió incesto (2 Samuel 13); otro, Absalón, llegó a ser fratricida y más tarde se rebeló contra su propio padre, pero murió en la batalla que siguió (2 Samuel 13 a 19). La rebelión del benjamita Seba también causó serias dificultades y derramamiento de sangre (2 Samuel 20); y poco antes de la muerte de David, Adonías, uno de sus hijos, hizo un intento infructuoso para ocupar el trono mediante una revolución en el palacio (1 Reyes 1). Sin embargo, la recia personalidad de David, junto con el resuelto apoyo de los que le fueron leales, le permitió vencer todas las fuerzas divisivas. El reino fue transferido a Salomón como una sólida unidad.

La lealtad básica de David para con Dios y su disposición a arrepentirse y aceptar el castigo por el pecado, le ganaron el respeto de los profetas Natán y Gad, y le atrajeron promesas y bendiciones divinas de una naturaleza singular. No pudo realizar uno de sus mayores deseos: construir un templo para el Dios que amaba. Sin embargo, se le prometió que construiría el templo su hijo, cuyas manos no estaban manchadas de sangre como las suyas. Por lo tanto, David compró el terreno, mandó hacer el plano y reunió los fondos para ayudar a Salomón en la realización del plan (2 Samuel 7; 1 Crónicas 21: 18 a 22: 5).

11.01. Saúl (c. 1050-1011 AC)

Saúl, hijo del benjamita Cis, hombre escogido por Dios a causa de su naturaleza profundamente religiosa (1 Sam. 10: 7, 10, 11; 14: 37), su humildad (1 Sam. 10: 22) y una tendencia a la generosidad (1 Sam. 11: 13), primeramente fue ungido en secreto por Samuel (1 Sam. 10: 1), proclamado rey en Mizpa (1 Sam. 10: 17-24), y confirmado en su cargo en Gilgal después de tener éxito en el rescate de Jabes de Galaad de manos de los amonitas (1 Sam. 11).

Su reino consistió en una unión algo débil de tribus que lo seguían como rey en tiempos de emergencia, pero que fuera de eso decidían sus asuntos internos sin interferencia de un gobierno central. A principios de su reinado, su actuación difirió poco de la de un juez. Aún después de ser proclamado rey, entre otras cosas todavía cuidaba su propio ganado.

Sin embargo, la idea de una monarquía real se desarrolló gradualmente. Saúl tenía el plan de que su reino fuese hereditario. En su capital, construyó un castillo en el predio de una hectárea, "Gabaa de Saúl", ahora Tell el-Fûl, a unos 6 ½ km al norte de Jerusalén. Su ciudadela de dos pisos que medía aproximadamente 52 m por 35 m, cuyos muros exteriores tenían de 1,80 a 2,10 m de espesor, ha sido excavada por W. F. Albright. Con sus muros fortificados y torres en las esquinas, representa la construcción hebrea típica de la época. La sala más grande, que era probablemente la sala de audiencia donde David tocaba su lira ante el rey, medía unos 2,10 por 7,60 m.

Fue Saúl quien creó el primer ejército regular, aunque pequeño, mantenido por Israel. Constaba de 3.000 hombres ubicados como guarnición en tres ciudades (1 Sam. 13: 2), con su tío -o tal vez primo- Abner, como comandante en jefe (1 Sam. 14: 50).

El nuevo rey, instalado en el trono durante el período difícil cuando los filisteos, apoyados en sus armas y experiencia militar superiores, trataron de subyugar a los hebreos, a menudo se halló luchando contra ellos como también contra otras naciones. Dio la primera prueba de sus condiciones de general cuando rescató de los amonitas la ciudad de Jabes de Galaad, en Transjordania (1 Sam. 11: 1-11). También sostuvo guerras victoriosas contra los amalecitas (1 Sam. 15: 4-8) y los idumeos en el sur, los moabitas en el este, y los arameos del Estado sirio de Soba (1 Sam. 14: 47).

Con todo, la amenaza permanente para la existencia de Israel provino de los filisteos (1 Sam. 14: 52), que mantuvieron guarniciones en varias ciudades hebreas, aun en algunas cercanas a la capital de Saúl. Los filisteos tenían el monopolio de la manufactura y afilación de armas y herramientas, de manera que en determinado momento en todo Israel solamente Saúl y Jonatán poseían armas de hierro (1 Sam. 13: 19-22). Aterrorizaron de tal manera a los hebreos, que éstos se vieron obligados habitualmente a refugiarse en cuevas y lugares inaccesibles de las montañas (vers. 6).

La primera gran victoria israelita sobre los filisteos, la que causó su expulsión de la región montañosa oriental, fue más bien un episodio militar que una batalla real. Cuando los filisteos habían ocupado las colinas de Benjamín y habían tomado a Micmas, los israelitas retrocedieron en desorden (vers. 5-11). Micmas queda a 11 km al norte de Jerusalén, a una altitud de 620 m sobre una colina que domina la profunda garganta del Wadi ets-Tsuwenît hacia el sur, que formaba el paso de Micmas. Mientras Saúl estaba acampado con 600 hombres en Gabaa, separado de los filisteos por el Wadi ets-Tsuwenît, Jonatán y su escudero descendieron por la roca Sene en la cual estaba construida Gabaa, cruzaron el wadi, y luego escalaron la escarpada roca Boses, sobre la cual estaban acampados los filisteos en Micmas (1 Sam. 13: 15, 23; 14: 4, 5). El ataque sorpresivo de Jonatán en el campamento filisteo creó gran confusión, la que aumentó cuando los hebreos acudieron en ayuda de Jonatán; entonces los filisteos huyeron aterrados (1 Sam. 14: 11-23).

El primer gran encuentro entre los hebreos y los filisteos durante el reinado de Saúl se realizó en la región montañosa occidental entre Soco y Azeca, a mitad de camino entre Jerusalén y Ascalón. La victoria de David sobre Goliat en esa ocasión fue el comienzo de una gran serie de victorias sobre los odiados filisteos. Los principales resultados fueron una mayor libertad para los hebreos y considerable riqueza obtenida del saqueo a los filisteos (1 Sam. 17).

Por desgracia para la nación y la casa real, Saúl, que tenía un carácter indisciplinado, se hizo despótico después de sus victorias. A causa de su violación de la ley levítica y de órdenes divinas, no sólo perdió el reino sino también el juicio. Sus últimos años -no se sabe cuántos- pasaron bajo la sombra de la locura, que a su vez lo llevó a continuas tentativas de matar a David, de quien él sabía estaba destinado a ser su sucesor. Habiendo perdido la amistad y la mano guiadora de su viejo consejero Samuel (1 Sam. 15: 17-23, 35), cometió crímenes de los más necios y atroces, tales como la matanza de los sacerdotes inocentes de Nob (1 Sam. 22: 11-21), y hasta intentó matar a su propio hijo Jonatán (1 Sam. 20: 30-33). Aunque conocido por su celo en desarraigar el espiritismo, pidió consejo a una bruja el día antes de su muerte (1 Sam. 28: 3-25).

En una batalla reñida en las montañas de Gilboa, en el extremo oriental de la llanura de Esdraelón, Saúl y sus hijos perdieron la vida luchando contra los filisteos (1 Sam. 31: 1-6). Esa batalla fue tan desastrosa que todas las ganancias del largo reinado de Saúl se perdieron ante los filisteos, quienes una vez más ocuparon las ciudades de Israel y arrojaron a los aterrorizados habitantes a sus antiguos refugios de las montañas (vers. 7).

11.00. El reino unido de Israel (c.1050-931 AC)

Desde su invasión a Canaán, los hebreos habían crecido lentamente en poder y se habían arraigado por medio de luchas continuas con las naciones que vivían dentro y alrededor de Palestina. Habían vivido en el país durante unos tres siglos y medio cuando sintieron la necesidad de un gobierno unificado. Hasta ese entonces habían sido guiados por hombres dirigidos por el Espíritu, llamados jueces, sin la seguridad de que continuaría una dirección competente después de la muerte de cada juez.

Desde el punto de vista político estrictamente humano el deseo popular de tener una monarquía hereditaria, expresado en tiempos de Samuel (1 Samuel 8: 5), no era sino natural. Si Israel había de alcanzar su propósito, debía poseer el país en forma permanente; y a fin de conseguirlo, necesitaba la unidad, la continuidad de la dirección y un gobierno estable. Esta eventualidad había sido prevista por Moisés, quien estableció los principios en armonía con los cuales deberían gobernar los reyes:

"Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da, y tomes posesión de ella y la habites, y digas: Pondré un rey sobre mí, como todas las naciones que están en mis alrededores; ciertamente pondrás por rey sobre ti al que Jehová tu Dios escogiere; de entre tus hermanos pondrás rey sobre ti; no podrás poner sobre ti a hombre extranjero, que no sea tu hermano. Pero él no aumentará para sí caballos, ni hará volver al pueblo a Egipto con el fin de aumentar caballos; porque Jehová os ha dicho: No volváis nunca por este camino. Ni tomará para sí muchas mujeres, para que su corazón no se desvíe; ni plata ni oro amontonará para sí en abundancia. Y cuando se siente sobre el trono de su reino, entonces escribirá para sí en un libro una copia de esta ley, del original que está al cuidado de los sacerdotes levitas; y lo tendrá consigo, y leerá en él todos los días de su vida, para que aprenda a temer a Jehová su Dios, para guardar todas las palabras de esta ley y estos estatutos, para ponerlos por obra; para que no se eleve su corazón sobre sus hermanos, ni se aparte del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que prolongue sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel" (Deuteronomio 17: 14-20).

Con Saúl el reino permaneció débil debido a la inexperiencia y falta de madurez de carácter del joven rey. Su sucesor, David, guerrero infatigable y político capaz, levantó un imperio formidable. Aunque no podía compararse con los imperios situados sobre el Nilo y el Eufrates, era impresionante, y ejerció el control de la mayoría de las naciones de Palestina y Siria. Formado por el genio de David bajo la bendición de Dios, ayudado por la debilidad de las otras naciones grandes de su tiempo, el imperio de Israel permaneció intacto por más o menos medio siglo. Las debilidades se hicieron evidentes aun bajo el reinado relativamente pacífico de Salomón, y su reino se desmenuzó cuando la muerte eliminó la mano fuerte del rey.

Sin embargo, además del recuerdo de un pasado glorioso bajo dos grandes reyes, fue de valor permanente el establecimiento de Jerusalén como centro religioso y político para la nación. El significado de su nombre, "ciudad de paz", ha ejercido una influencia mágica en la mente del pueblo hebreo de todas las generaciones. Puesto que las promesas de la venida del Mesías estaban relacionadas por la Inspiración con la casa real de David, nunca se perdió de vista la idea de un reino establecido y guiado por Dios.

10.00. Los Estados sirios

El nombre Siria es un término geográfico que designa una región cuya extensión ha variado de tiempo en tiempo. La Siria actual no incluye todo lo que fue conocido como Siria en tiempos antiguos, y se extiende a otras regiones que nunca antes se consideraron parte de ella. En tiempos de Roma se daba el nombre de Siria a todo el territorio que va desde el Eufrates en el norte hasta el mar Rojo en el sur. En otras épocas se consideraba a Palestina como país aparte, y se incluían [en Siria] partes del norte y del centro de Mesopotamia. Con todo, hablando en términos generales, el nombre geográfico Siria designa una región limitada al este por el gran desierto sirio, al oeste por el Mediterráneo, al norte por los montes Tauro y al sur por Palestina. La frontera entre Siria y Palestina es aproximadamente una línea recta que va desde el mar al norte de Acre hasta el Jordán al norte de las Aguas de Merom.

Esta región es atravesada por dos cordilleras que corren de norte a sur. En la cordillera occidental se destaca, en el norte, el Jebel Akra (1.650 m); y en el sur, el Líbano, que se eleva a más de 3.000 m. La cordillera oriental, llamada el Antilíbano, a la cual pertenece el monte Hermón, alcanza alturas hasta de unos 3.000 m. Entre las dos cordilleras se extiende un valle altiplánico de 19 km de ancho, llamado ahora Beqa', "la hendidura", con sus dos ríos, el Litani, que fluye hacia el sur, y el Orontes, hacia el norte. Ambos ríos se desvían finalmente hacia el oeste y desembocan en el Mediterráneo. Varios arroyos fluyen hacia el oriente desde la cordillera del Antilíbano e irrigan varios oasis del desierto sirio, de los cuales Damasco, con su región circundante de huertas, es el más rico y más grande.

Puesto que las montañas aislaban del resto de Siria a la región costera de Fenicia, su historia es algo distinta de la historia de la región interior, de la cual se trató en forma separada en la entrada precedente. De modo que, políticamente, Siria estuvo formada esencialmente por ciudades-estados que florecieron en torno a oasis tales como los de Damasco y Alepo, y otros como Cades, Qatna, Hamat, o Alalaj (Tell 'Atshânah), sobre las orillas de ríos interiores. Todos estos últimos estaban próximos al Orontes. La típica cultura siria de tiempos posteriores se halla también en la parte superior de la Mesopotamia, en la región que en el segundo milenio fue conocida como reino de Mitani.

Como en el caso de Fenicia, poco se sabe de la historia de esta región antes de mediados del segundo milenio. Sin embargo, textos egipcios y babilonios de la primera mitad de dicho milenio AC, mencionan ocasionalmente a los gobernantes de las ciudades de Siria, y por sus nombres sabemos que eran amorreos, como lo fueron la mayoría de los gobernantes del Asia occidental desde 2200-1500 AC. Los hicsos, que avanzaron hasta Egipto en el siglo XVIII, pasaron a través de Siria en camino al valle del Nilo y tomaron posesión de ciertas ciudades importantes, por ejemplo Qatna, fortificándolas de una manera típicamente hicsa con macizos baluartes de tierra.

En el siglo XVI Tutmosis III conquistó toda Siria, que permaneció bajo el dominio egipcio durante casi un siglo. Sin embargo, durante el reinado de Amenhotep III e Iknatón, algunos de los gobernantes aborígenes que estaban sometidos aprovecharon la debilidad de Egipto y se hicieron independientes. El más fuerte de estos Estados rebeldes fue Amurru, del cual sabemos mucho por las Cartas de Amarna y los registros hititas de la época. En tiempos de la XIX dinastía surgió un nuevo poder rival por la posesión de Siria, el de los hititas, con el resultado de que Siria se convirtió frecuentemente en campo de batalla donde se encontraron las dos fuerzas opositoras. Con la aparición de los pueblos del mar hacia fines del siglo XIII AC, los hititas desaparecieron de la historia como nación, pero los restos que quedaron retuvieron la posesión de algunas ciudades sirias tales como Hamat y Carquemis, y conservaron la cultura hitita durante varios siglos.

En esa época, los arameos, que habían vivido en las llanuras del norte de Mesopotamia durante muchos siglos, se trasladaron hacia el sur y fundaron -o se apoderaron de- una cantidad de fuertes ciudades-estados, de las cuales Damasco y Zeba (al norte de Damasco) llegaron a ser las más poderosas. Por esta razón, a partir de la época de David los registros bíblicos mencionan con frecuencia a estos dos Estados. David pudo mantenerlos en sujeción, pero recuperaron su independencia durante el reinado de Salomón o inmediatamente después de su muerte. Desde entonces en adelante, los Estados sirios fueron enemigos del reino de Israel, con el resultado de que Israel riñó numerosas guerras contra los sirios, especialmente contra Damasco.

A partir del siglo IX los Estados sirios compartieron la suerte de otras naciones del Asia occidental codiciadas por los reyes de Asiria. Durante dos siglos una campaña asiria tras otra se dirigió contra uno o más de estos Estados arameos de Siria para asegurar un caudal constante de tributo, hasta que Tiglat-pileser III inició la política de trasplantar las naciones conquistadas a distritos remotos del imperio, en un esfuerzo por sustituir la conciencia nacional por lealtad al imperio asirio. De ahí que una ciudad-estado tras otra desaparecieran bajo el ataque implacable de la maquinaria bélica asiria. Finalmente, en 732 AC, entre las últimas cayó Damasco, que entonces se convirtió en provincia de Asiria.

La caída de Damasco señaló la desaparición de la cultura siria característica de esa región que, en una forma algo cambiada, se perpetuó durante un tiempo como cultura mundial. El idioma arameo se extendió con la dispersión de la población siria, y dos siglos después de la caída de Damasco llegó a ser un medio de comunicación, hablado o por lo menos entendido, desde la frontera meridional de Egipto a través de la Media Luna de las Tierras Fértiles y Persia, y aun hasta el límite occidental de la India. Aunque los sirios nunca habían constituido una unidad política ni habían podido extender su dominio sobre extensas regiones del mundo, su idioma conquistó al mundo en una forma algo similar a la del griego unos siglos más tarde.

9.00. Fenicia - Desde los primeros tiempos hasta Nabucodonosor II

Aunque no se la menciona por este nombre en el AT, Fenicia se relacionó mucho con los hebreos, y la historia de este país tiene cierta importancia para el estudiante de la Biblia, que frecuentemente encuentra mencionadas ciudades fenicias tales como Tiro, Sidón, Sarepta, Gebal (Biblos) y Arvad.

El territorio de Fenicia abarcaba la angosta faja costera de Siria al norte de la bahía de Acre y entre los montes Líbano y el Mediterráneo. Consiste en una cantidad de pequeñas llanuras donde las montañas se alejan del mar, cada una de las cuales estaba dominada por una ciudad marítima. La llanura costera varía en anchura desde unos 800 m hasta casi 5 km. Sin embargo, en algunos lugares, como en Nahr-el-Kelb, el río del Perro, al norte de Beirut, las montañas descienden en forma escarpada hacia el mar, de manera que el camino debe ser cortado en la roca.

Antiguamente se edificaban las ciudades en islas rocosas cerca de la costa como Tiro y Arvad- o sobre la costa donde la tierra que penetra en el mar forma pequeñas bahías en lo que es, en su mayor parte, una línea costera recta como con Trípoli y Biblos. El país era bien regado por una cantidad de ríos que bajaban de los montes Líbano, que en los tiempos antiguos estaban cubiertos de tupidos bosques de cedros y otras coníferas. Fenicia era rica en cereales, frutas y vino, y como principal exportadora de madera de cedro de las montañas y de los productos del interior de Siria, se convirtió en el centro comercial del mundo antiguo.

El nombre griego del país, Fenicia, tiene que ver con una de sus principales exportaciones, una anilina de color púrpura llamada φοινιξ [phoinix], "púrpura", o "carmesí". Sin embargo, los habitantes se llamaban a sí mismos Kena'ani, es decir, cananeos, y su tierra la denominaban Canaán, lo que está de acuerdo con Génesis 10: 15-19, donde se da una lista de los habitantes de varias ciudades fenicias como descendientes de Canaán.

No hay suficiente material arqueológico para formar una historia completa de Fenicia, y su historia más remota está completamente envuelta en la oscuridad. Sin embargo, una de las ciudades fenicias -Biblos- aparece en registros egipcios del tercer milenio como una ciudad importante en la exportación de madera de cedro. Excavaciones realizadas en Biblos han demostrado que hubo una fuerte influencia egipcia en tiempos del antiguo reino (egipcio). Los tirios de tiempos posteriores tenían una tradición según la cual su ciudad había sido fundada en 2750 AC, y los sidonios pretendían que su ciudad era aún más antigua.

La primera alusión a estos importantes puertos del sur de Fenicia se halla en los registros de la XVIII dinastía de Egipto, cuando los reyes del valle del Nilo dominaron toda Fenicia. Sin embargo, el hecho que los fenicios tuvieran que pagar tributo a Egipto y debieran tolerar una guarnición egipcia en sus ciudades no afectó materialmente su poderío económico. Su comercio exterior parece haber florecido, y sus agentes se hallaban en Chipre, en las costas del Asia Menor y en el mar Egeo. Hacía fines del segundo milenio extendieron su esfera de influencia económica y enviaron barcos a Sicilia, Cerdeña, el norte del Africa y España. Más tarde se fundaron colonias permanentes en países distantes. De estas colonias, Cartago llegó a ser la más famosa. Llegó a ser tan poderosa que en tiempos de Roma osó desafiar su política imperial. Tartessos, en España, el punto más distante de influencia fenicia, fue uno de los varios lugares llamados "Tarsis" -o "fundición"-, hasta donde viajaban las "naves de Tarsis" (Salmo 48: 7; 1 Reyes 10: 22).

Hasta fines del segundo milenio AC Sidón había ocupado el lugar más importante entre los puertos fenicios, pero durante el primer milenio Tiro tomó la delantera y la mantuvo durante muchos siglos. Parece que Fenicia nunca elaboró un gobierno unificado que controlase todo el país, sino que cada ciudad grande tenía su propio gobernante cuyo control se extendía a las comunidades adyacentes más pequeñas.

Se conoce una cantidad de gobernantes de Biblos gracias a inscripciones halladas durante las excavaciones hechas en dicha ciudad, pero después de mediados del segundo milenio AC el papel político de Biblos parece haber sido a lo sumo secundario. Hiram es el primer gobernante de Tiro cuyo nombre se conoce. Era contemporáneo de David y Salomón, y colaboró en la construcción del templo de Jerusalén. También sus marineros participaron con los de Salomón en expediciones a Ofir.

Uno de los sucesores posteriores de Hiram fue Et-baal, padre de Jezabel, la infame esposa de Acab. Había sido sacerdote de Astarté antes de llegar a ser rey de Tiro, lo que puede explicar el celo de su hija por la religión de su tierra natal, aun después de llegar a ser reina de Israel. Durante el reinado de Et-baal comenzó una ardua lucha con Asiria, país que a partir del siglo IX AC procuró someter una a una todas las tierras que se hallaban hacia el oeste. De ahí que, en la batalla de Qarqar en 853 AC, hallemos al rey de la ciudad fenicia de Arvad con 200 soldados en la coalición contra Salmanasar III. Sin embargo, la mayoría de las otras ciudades fenicias convinieron en pagar tributo. Así, por un tiempo mantuvieron cierta independencia y continuaron sin molestias su lucrativo comercio de ultramar.

Un episodio importante en la historia fenicia fue la lucha de Tiro contra Salmanasar V y Sargón II en tiempos del rey Ezequías de Judá. Tiro fue sitiada durante cinco años y gravemente perjudicada. Parece que la ciudad se vio finalmente obligada a rendirse y una vez más fue hecha tributario. Pero Tiro se rebeló de nuevo en tiempos de Senaquerib y fue sitiada sin éxito. Sin embargo, cuando Sidón siguió el ejemplo de Tiro y se rebeló contra Esar-hadón, éste la tomó y destruyó (678 AC). Tiro permaneció independiente durante unos pocos años más, pero al fin Asurbanipal la obligó a volver al redil de Asiria.

Cuando el decadente imperio asirio fue reemplazado por el neobabilónico, Tiro aprovechó las dificultades políticas del período de transición, se declaró independiente y rehusó enviar tributos a Babilonia. Como resultado, Nabucodonosor se vio obligado a usar la fuerza contra la ciudad. Durante trece años sitió a Tiro antes de que ésta se rindiese. Nabucodonosor permitió que su rey permaneciese en el trono, pero nombró un alto comisionado babilonio para proteger los intereses del imperio.

8.14. El fin del imperio asirio

Asur-etil-ilani, uno de los hijos menores de Asurbanipal que debió su trono a Sin-shum-lishir, uno de los generales de su padre, gobernó aproximadamente durante los siguientes cinco años. El nuevo rey retuvo la parte sur de Babilonia, pero no pudo evitar que Nabopolasar, un comandante del ejército caldeo, tomase a Babilonia y se hiciese rey. Aunque así perdió en forma permanente a Babilonia, Asur-etil-ilani fue más afortunado en su lucha contra los medos, cuyo rey, Fraortes, cayó en la batalla. No se sabe a ciencia cierta cómo ni cuándo llegó a su fin Asur-etil-ilani, ni en qué año lo reemplazó Sin-shar-ishkun, generalmente considerado como su hermano. (Algunos eruditos hasta creen que los dos nombres corresponden al mismo rey.)

Sin-shar-ishkun parece haber disfrutado de cierta medida de éxito por un tiempo. Realizó campañas contra Babilonia, y hasta conquistó a Sippar. También fueron vencidos los medos comandados por Ciajares, hijo de Fraortes. Es un hecho curioso que entonces, cuando había perdido su poder anterior, Asiria recibiera ayuda de antiguos enemigos tales como los escitas y los egipcios, que temieron que su caída permitiría el surgimiento de poderes aún más peligrosos que la misma Asiria.

Comprendiendo la debilidad de Asiria, y siguiendo el principio de que el ataque es la mejor defensa, Nabopolasar de Babilonia emprendió la ofensiva poco después de haberse convertido en un rey independiente. Logró varios triunfos, pero también sufrió varias derrotas, como se revela en la crónica babilonia que abarca sus primeros tres años de reinado.

La falta de registros existentes nos deja en la oscuridad en cuanto a sus triunfos y derrotas durante los siete años siguientes.

En 616 AC, el año del cual otra vez hay crónicas, Nabopolasar estuvo en la ofensiva y conquistó pueblos asirios y arameos en la parte media del Eufrates, pero no pudo resistir al ejército asirio-egipcio, que lo hizo retroceder hasta Babilonia. Al siguiente año Nabopolasar hizo un intento de tomar la antigua ciudad de Asur. Esta campaña también fracasó. Aún no era suficientemente fuerte como para derrotar por sí solo a Asiria. Sin embargo, los medos tomaron a Tarbisu y Asur en 614 AC, y el rey medo Ciajares celebró una alianza con Nabopolasar que fue sellada con el casamiento del príncipe heredero babilonio Nabucodonosor con una princesa meda.

Esta alianza política decidió la suerte de Asiria, y después de un sitio de tres meses Nínive cayó ante los medos y babilonios unidos, en 612 AC. Sin-shar-ishkun pereció con su familia en las llamas de su palacio. Como Cala, Nínive fue destruida tan completamente que generaciones posteriores no conocían siquiera su ubicación.

El imperio de Asiria fue dividido entre Ciajares y Nabopolasar, el primero de los cuales tomó todas las provincias septentrionales, juntamente con las posesiones de Asiria en Asia Menor, y el último recibió el control nominal de Mesopotamia, Siria y Palestina. Pero el control real sólo podía obtenerse mediante una demostración de poder, y no simplemente por un entendimiento entre los dos vencedores.

Con ayuda egipcia, un príncipe asirio de nombre Asur-ubalit procuró restablecer el Estado asirio, con Harán como capital, pero pronto fue desalojado por los medos y los caldeos. Asiria, azote de las naciones por muchos siglos, dejó de existir, y sus ciudadanos experimentaron el mismo trato cruel que sus gobernantes haban infligido a muchos otros pueblos en el pasado. Las palabras de Nahúm, como las de otros profetas hebreos que habían predicho la caída del imperio asirio, se cumplieron literalmente:

"Oh rey de Asiria,
reposaron tus valientes;
tu pueblo se derramó por los montes,
y no hay quien lo junte.
No hay medicina para tu quebradura;
tu herida es incurable" (Nahum 3: 18, 19).

8.13. Asurbanipal (669-c. 627? AC)

Dirigida ahora por el tartán de Esar-hadón, Sha-Nabu-shu, la campaña egipcia fue llevada a feliz término. Necao, uno de los príncipes rebeldes que había sido llevado a Nínive para recibir castigo, ganó el favor del rey y fue enviado de vuelta a Egipto como vasallo asirio. Su hijo Psamético tomó el nombre asirio de Nabu-shezibani. Tanutamón, sucesor de Taharka, hizo otro intento de liberar a Egipto de la opresión asiria, pero no tuvo éxito. Asurbanipal tomó a Tebas y destruyó completamente la hermosa ciudad. Pocos años después, Psamético logró sacudir el yugo asirio y restaurar la independencia de Egipto. El mantener en sujeción a Egipto le resultó tan costoso a Asiria en un tiempo cuando necesitaba todas sus reservas para afrontar peligros desde el oeste, el norte y el este, que hubo de abandonar la tierra del Nilo.

Asurbanipal tuvo también dificultades en Babilonia, donde su propio hermano Shamash-shum- ukin se rebeló. Pero la rebelión fracasó, Babilonia fue tomada, y Shamash-shum-ukin murió en las llamas de su palacio. Asurbanipal se coronó entonces rey de Babilonia.

También riñó con éxito varias guerras contra Elam, que había apoyado a Shamash-shum-ukin, y contra Arabia, Siria y Palestina. Pudo así mantener unido su vacilante imperio. Aun tuvo la satisfacción poco común de ver perecer a la mayoría de sus enemigos antes de dejar el escenario de acción. Giges de Lidia, que había apoyado a Psamético en su revuelta, perdió el trono y la vida en su guerra contra los cimerios. Otro insurrecto, el príncipe caldeo Nabu-bel-shumati, se suicidó a fin de no caer en manos de Asurbanipal, y muchos reyes menores de Elam perdieron la vida en las distintas guerras con Asiria, que finalmente aplastó al orgulloso reino de Elam y arrasó su ciudad capital, Susa.

La gloria pasajera de Asiria y la riqueza que fluyó a sus cofres reales no podían ocultar el hecho de que los días de aquel orgulloso imperio estaban contados. Mientras un hombre fuerte mantuvo las riendas del gobierno, pudo postergarse la catástrofe que se acercaba, pero un observador perspicaz podía ver ya que se produciría una situación diferente al ascender al trono un gobernante débil.

Asurbanipal es especialmente bien conocido como coleccionista de muchos libros y fundador de la gran biblioteca de Nínive, que fue descubierta en las ruinas de dicha ciudad a mediados del siglo XIX. De esta biblioteca, que se encuentra ahora en el Museo Británico, se han obtenido muchas de nuestras primeras informaciones acerca de la historia y la religión asirias y babilonias. Más tarde otras importantes colecciones cuneiformes halladas en ruinas de Mesopotamia han proporcionado valiosa información adicional. Cuando era príncipe, destinado originalmente a ser sacerdote, Asurbanipal recibió una esmerada preparación como erudito y sacerdote; por eso se interesó en reunir las riquezas literarias de su época. Conservó para generaciones posteriores copias de muchos textos valiosos, cuyos originales se han perdido ya hace tiempo.

Se desconocen las circunstancias y la fecha de su muerte que, por lo general, se cree que ocurrió el año 626 AC; algunos piensan que fue el 631 y otros se refieren al 627 como probable. Siendo que no se ha hallado aún ningún canon epónimo para sus últimos años, la cronología de este período es algo dudosa.
Powered By Blogger