4.01. Surgimiento del poder hitita

El primer gran rey de los hititas que puede reconocerse en la historia es Shubbiluliuma, que reinó desde c. 1375 hasta c. 1335 AC.

Una gran catástrofe de naturaleza dudosa había azotado la nación un poco antes de su ascensión al trono. Aunque los registros de esta catástrofe no son claros, parece que algunas naciones subyugadas del Asia Menor oriental se habían levantado contra sus señores y habían destruido Hattusa, la capital hitita.

Después que Shubbiluliuma ascendió al trono, su primera preocupación fue la de reedificar la capital y restaurar el orden de su reino. Esto se logró mediante diversas campañas. Cuando el rey hitita dominó nuevamente a los distintos pueblos del Asia Menor oriental, se volvió contra el reino rival de Mitani.

Su primera campaña parece haber sido infructuosa porque Tushratta, el rey de Mitani, dice en una de sus cartas al faraón egipcio que había obtenido una victoria sobre los hititas; pero Shubbiluliuma debe haber logrado cierta medida de éxito, según puede saberse por otra carta de la colección de Amarna (ver: Las cartas de Amarna) escrita por Rib-Addi de Biblos.

La segunda campaña siria de Shubbiluliuma fue un éxito completo. No sólo conquistó la capital del reino de Mitani, sino que penetró en Siria meridional hasta el Líbano. Cuando surgieron dificultades domésticas en la familia de Tushratta, que resultaron en su muerte, Shubbiluliuma colocó en el trono a Mattiwaza, hijo de Tushratta, quien se había refugiado junto a él, y le dio a su hija por esposa, con lo que unió las dos casas reales.

Como ya se ha mencionado al tratar la historia egipcia, fue entonces, mientras el rey hitita sitiaba la ciudad de Carquemis sobre el Eufrates, cuando le llegó el pedido de la viuda de Tutankamón de que le enviase a uno de sus hijos para que se casara con ella y fuera rey de Egipto. El príncipe enviado en respuesta a este pedido fue asaltado y asesinado antes de llegar a la tierra del Nilo. Al recibir la noticia de este crimen, Shubbiluliuma realizó con éxito una campaña contra los egipcios; pero tuvo que retroceder sin sacar ventajas de su victoria por haberse declarado la plaga que asoló su país durante 20 años.

Cuatro de los hijos de Shubbiluliuma llegaron a ser reyes, dos de ellos durante la vida de su padre, uno en Alepo y otro en Carquemis. Un tercer hijo, Arnuwanda III, sucedió a su padre en el trono del imperio hitita, y después de su muerte, un hermano menor, Mursil II, ascendió al trono.

Muchísimos documentos de entonces proporcionan amplia información que abarca el reinado del rey mencionado en último término. Prácticamente tuvo que reconstruir el imperio de su padre porque, al morir éste, y otra vez cuando murió Arnuwanda, habían estallado muchas revueltas. Por lo tanto, la historia de su vida está llena de campañas militares contra los distintos pueblos del Asia Menor, Siria, y las guarniciones egipcias.

El siguiente rey, Mutalu, también experimentó una seria rebelión de parte de un pueblo subyugado, los Gashga. Estos, después de conquistar y destruir la capital hitita de Hattusa, obligaron al rey hitita a establecer una capital provisional en otro lugar.

Cuando el reino local de Amurru, en el norte de Siria, quiso cortar sus vínculos con los hititas en favor de Egipto, al cual había pertenecido anteriormente, Mutalu intervino, y con sus aliados obligó a Amurru a permanecer separado del imperio egipcio. Fue en este momento cuando se enfrentó con el rey egipcio Ramsés II en la batalla de Cades (Kadesh) sobre el Orontes. Ramsés había llegado al norte de Siria para reclamar sus antiguos derechos.

Ya ha sido descrita la famosa batalla de Cades en relación con la historia del reinado de Ramsés II. Aunque éste pretendió haber triunfado, la batalla terminó en una retirada, gracias a la cual los hititas obtuvieron algunas ventajas. Se saca esta conclusión del hecho de que después de la batalla de Cades los hititas ocuparon territorio sirio que no había estado anteriormente bajo su dominio.